Se tuercen las mareas al abordar el misterio de la luna,
su rostro oscuro
y las olas penetran en la lluvia de lo cierto,
como lágrimas prefabricadas.
El colapso de notas divinas
moldea las circunstancias,
las vuelve dúctiles como cera,
mientras que sucumbe su miel a la lógica mortal.
Me suplanto en mi sorna de lo marciano,
soy la esclava de mi pavor
y el consuelo de las hojas es la más triste esperanza
de hacerme justicia.
La noche se me clava en el sueño de la vigilia,
es el pretexto para dar significado a la muerte.
Mi sed de aguas claras es la bondad de lo libre,
de lo hermoso
como la nata
o el calor del horno
y me cocino la indiferencia hacia el futuro,
revelando las fotos de mi viaje eterno.
El ave dormita en mis pulmones,
conoce el humo
y el veneno natural del cielo,
así como su sabor más dulce.
En su jaula se siente deshabitada de intrusos
y conmueve el espectáculo
de su batir de alas.
Ella atravesó la espuma de las olas
y su sombra,
tan tenaz
como dispensable.
Frenó la crecida del invierno en el tablero de las estaciones.
Sólo me queda la opción
de contrastar su nombre
con la oscuridad naciente,
para que nuestro hijo del alba
reine en los renglones aprendidos.
Y mi voluntad de ofrecerle casa
en cada estrella de la noche
no impida que los aviones se posen en sus órbitas,
aunque sus cuerpos sean de lata
y sus ojos atraviesen
la eternidad del cielo.
The lovely bones
Hace 2 años


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