Escapar al minuto exacto
cuando rompió la tristeza a llorar.
Escribirte cartas.
Suma de posibilidades,
en esta orilla de silente calma,
cuando las ciervas buscan a su esposo
entre los sargazos.
No anudé la culpa a su espalda,
lupanar del misterio,
ni atravesé la frontera de la mirada
en un viaje hacia lo imposible.
Toqué tu universo,
patria de murmullos deslizándose
suaves
por la mañana inmemorial.
Escapé de las trampas de mi ego
hacia la turba de la magia
y con estrellas diminutas
escribí una realidad que no se toca
y penetra dulce en libros cerrados.
Mi campo se siembra con semillas
de alegría,
de final irreal
para que la existencia de los brujos
no se amargue.
En los campanarios, las cigüeñas
conviven con antenas tan castas
que sólo memorizan el hilo humano.
La fiera sabe despertar a la inocencia,
tan malherida,
y le calienta la sopa para que nunca olvide
su columna vertebral.
Hay un niño caminando por las ojeras,
hay un pozo señalado por las lobas,
hay un teatro escondido en cada gesto,
hay un gesto escondido en cada mimo
y las sequoias disimulan muy bien
su esplendor bajo las nubes.
Escapar al minuto exacto
cuando se quebró la voz.
Recitarte un cuento.
La obra de la muerte
se entretiene con el orador
y llegan comisarias de la música
a presentar su espectáculo
a los indolentes;
a los adolescentes que simulan carisma.
Les venden la secuencia manuscrita
de la lluvia
y los jóvenes concretan su silencio
en el fuego convertido en brasa,
donde los extranjeros se calientan las manos
y los pueblerinos
leen su hogar
en la forma de un rojo
cada vez más tenue.
The lovely bones
Hace 2 años


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