Me dijeron que el tiempo se escuchaba
en las venas, latiendo como asombro,
y descubrí que nada era tan rápido
como para turbar la única escuela
donde el trueno movía su ficha,
excepto el cruel relámpago esperado.
Para esta alevosía antes del frío
inventaron los guantes del cinismo
que no pueden frenar lo inevitable,
como que digitar sin pan caliente
nos quita sin más, las ganas de comer.
The lovely bones
Hace 2 años


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