El colibrí se yergue sobre escombros.
Deja atrás el vacío de colmena
que ya la abeja reina abandonó
marcando pulcras huellas en harina
arrastrando su cola de casada.
El colibrí revive el aire quieto
y el silencio le da envidia por su arte
tan proclive a ventiscas y tornados.
Ve el barroco horizonte allá a lo lejos
donde la luna llora su verdad
y el sol dejó tan sólo una promesa.
Se esconde sigiloso tras la bruma
donde no hay protector que le perturbe
ni bufón de la sombra que importune
en el hueco marítimo del frío.
El colibrí desnuda sus ideas.
The lovely bones
Hace 2 años


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