Mi nombre es Rosalía Linde Camacho

Este blog es prioritariamente de poesía, aunque no descarto la posibilidad de poner un comentario sobre otro tema. Doy la bienvenida a todo el mundo que quiera entrar en mi espacio y dejar sus impresiones sobre lo que hay en él.

domingo, mayo 31, 2009

Fresas salvajes (poema inspirado en la película de Ingmar Bergman)

Es preclaro que el reloj
tiene doce horas,
media naranja del día,
pero las agujas...
yo creía que ilusiones
ingenuas y en rojo
se diluían cual sangre
en el primer güisqui,
pero el viaje es imagen
de lo que aún queda
por vivir. La soledad
se agudiza siempre
con la nostalgia y tu tiempo
ha perdido todo:
sus robustas manecillas.
Soñar que se adentra
el hilo solo en madejas
del cosmos de un átomo...
despertar y ser el único
que ve la vasija
quieta en una mecedora.
Puede haber instantes
en los que al dormir
rasgamos la puerta de humo
en la boca muda
de la verdad. Nos mutamos
en libro, que abierto
se lee con atención
y con una lógica
literaria. No conozco
nada tan hermoso
como perder la locura
en sacos de harina,
para que se horneen tiernas
hogazas de pan.
Las fresas saben reales
y en la vida nadie
tuvo las plantas tan firmes
sobre tierra húmeda
aunque el olvido amenace...
Jamás fue verdugo
sino fiel arquitectura.
Las edades mecen
la cunita del eterno
pasajero del camino:
y nunca se olvidan,
menos los seres amados,
que las huellas sueñan,
herederas de la savia.

sábado, mayo 30, 2009

No es bueno convertirse en lo que se tiene

En el chicle de los cánticos
que se oyen amarillos,
tú mascas tu verso libre
del armazón de un atillo
y libre en la compostura.
La goma de un asesino
estranguló su garganta
y en las huellas del vecino
te enmascaras como tú
el que nunca fue un cruel niño
que amara orugas sin piel.
Aunque no pueda decirlo
este chérif de fronteras
te ha colocado en tu sitio
en archivos macilentos.
Y ahora tienes permiso
de cometer otros crímenes
en los ojos del cariño
tristes, como un par de ojos
en el cráneo de un armiño
cuya historia nadie cuenta,
ni tú, en tu cosmos cautivo.
Por eso, no temas balas
que se alojen sin testigos
en un universo patrio
para navajas sin filo,
que el arma blanca es más débil
y hay que hacer el preferido
de nuestras noches piratas
al que se hizo mestizo,
al que robó las ciruelas,
que siempre fue el Lazarillo
quien las tomaba prestadas,
y nunca prendió el gatillo.
Si no la noria sucumbe
a los iris de Mandingo
que tiene el poder de amar,
de odiar, de ser puto cínico
cuando estrenan su película
con pantomimas de circo
y cuatro gatos se lucran
con la idiotez con sentido
de embrutecer a la gente
para vender sus vertidos:
la fiera corre sin tanga
por ferias de consumismo.

La cárcel del ser

La ventisca hizo mellas:
el ojal de tu camisa
se abrió como mariposa
que durante el vuelo liba
de estaciones tempranas.
Igual pasó con tu risa,
el silencio sepultó
la carcajada en sus briznas
que desnudan los dorados
al pasear de puntillas.
Bajo unos ojos tan tristes
las escuelas serias silban
con profesoras florero
que con cinturas de avispa
te enseñan a amar la rosa,
y ombligos materialistas.
En tu casa suena el cierzo
y tu madre se da prisa
en retener el cariño
en bizcochos tan realistas
como una hogaza de llanto,
y tu padre es todavía
el que aprisiona las ruedas
con el freno a la deriva.
Por eso, niña, no llores,
que bolsas con palomitas,
de esas que el viento no aturde,
te esperan en salas pías,
donde hiciste de tu ser
una palabra sin rima,
pero que suena bien.
Que no te duela la tripa
si oraste ya al tío Tom,
si tu coche descarrila
en vertidos de Orson Welles
o en canciones de Tequila.
Existe un sello tan mágico
que cuando lo pegas brilla
como púgil en combate,
con su sangre tan vendida
a unos miles de billetes.
Y en el sobre se hace trizas
el mensaje tan austero.
Si de verdad tu camisa
ciertamente es verdadera
yo diría que la sisa
se resquebrajó un poquito
como en el paro sus filas
cuando ofrecen un trabajo
en alguna oscura esquina
de esta cárcel que es el ser.

jueves, mayo 28, 2009

El catre del viejo

En la oscuridad siniestra
una luz me rapta en vuelo,
un cálido abrigo azul
me sustrae del desconsuelo
de ser una mujer tibia.
El sol pez prende azulejos
y no por lo subcutáneo
sino en la orilla del viejo
que lo ve todo muy oscuro.
La giralda y su gracejo
me hacen un guiño pagano
a la caridad y el velo
que son las teas queridas
por almas que besó el viento
Mas la negrura me sigue
hasta más allá del suelo
y capitanes terráqueos
se beben el viejo techo
de líquen y algas marinas.
Me veo enfrentada en duelo
con el capitán pirata
que doblado en tiernos versos
entristecía mis noches;
nadie dice que no leo
mis primaveras pasadas.
Aunque el invierno se aclare
la garganta de paseo
en tiendas de ultramarinos
y se le dé un caramelo
que su ronquera sea poca
es la prioridad del cielo
y así no llueva en diciembre.
Ojalá se acabe el beso
del proxeneta aturdido
y me quiten ya el veto
por ser mujer tan ligera
y aunque en el aire me llevo
como una pluma ya usada
mejor sentarme con tiento,
no vaya a causar al mundo
la verdad en ojo ajeno
que duele más que la viga.
Sé que el oficio de obrero
es sustraer inclemencias
que dejó el osado ego,
así que anden, resguárdense
que aquí viene el carpintero
y su terrible armatoste.
Y se irá a la casa el viejo
para guardar su guadaña
bajo su ribera añejo
Ya vendrán tiempos mejores,
para el camastro del tiempo
que es el catre de la lluvia.

miércoles, mayo 27, 2009

La piel caoba y el príncipe desmayado

El cielo huía en un díabolo,
las nubes tan peligrosas
como la ilusión del truco
que hizo trizas la paloma
se estrujaban tras pirámides
sin buscar tristes axiomas
ni atisbos de lucidez.
Es sólo la poca ropa
que vestía el cuerpo limpio
de la noche de caoba
en un aseo acertado.
Detrás no había celosas
mujeres que el sol de tierra
en piel mulata y odiosa
las hubiese transformado
a la noche onerosa
por hacerle competencia.
Las miradas tan capciosas,
y la pulcritud de santos;
las culpables de la sorna
junto con iris ajenos:
se reunían bajo lonas
y mutilaban sus trajes
la virtud era corona,
en los nichos manuscritos.
Mas la paz no se valora:
es un texto tan absurdo
el que el bardo envalentona,
es la cruz la vil miseria
de quien no probó la noria
y su ticket y su puzzle.
En el cielo nubes lloran
y en la tierra hombres andan
hacia el podio de la gloria
sin pensar en más silencios
que los del sapo en su fosa
de príncipe desmayado.

martes, mayo 26, 2009

El instinto sincero y el deseo mentiroso

El instinto devora las mentiras,
se traga el tren liviano y todo peso
y al tramo bebedor de tanta lluvia
le lleva en la distancia luz en teas.
Se enmascara el gris cielo mientras grúas
abandonan su carga y los nidos
de cadáveres aman los gusanos,
posados en sus cráteres marcianos.
Lo justo y su semilla toma el trono,
amplía su dolor en la fangoria
tirana hasta llegar al cuenco vivo
del sol, ojo sensible y luz vibrante,
hasta llegar al cláxon que hurta el fuego
en el bozal caído de miradas,
que hace tiempo perdieron su contrato.
Yo me siento acunar por el reflejo
en el agua. El viento ya conoce
las manoplas, el frío y su cura
en antídotos sabios que se lucen.
La pomada del sueño amamanta
las contiendas, las huellas de la noche
acunaron mi insomnio .Y ahora el té
se sirve en las cornisas por el loco
sombrerero de Alicia tan extraño
que no cumple condena en la cárcel
del reloj. Es la edad de las hormigas,
de la oruga y el sapo sobre la ciénaga.
Jadeos de agua clara en instantes
de precipicio, boas hilan fino
y bocas con ponzoña en los dientes
apestan a cloaca desbordada.
Si mi expediente tiene fallos, nunca
pienses mal. Si consigues no juzgarlo
descenderé la trenza de Rapuntzel.
Las faltas se sustentan con el vicio
que es pasajero de urbes bulliciosas.
con briznas y cordones maniatados.
Los lazos del sentido los regalo
al que era traficante de hachís,
que el estornudo cuenta más si es limpio
del tiempo alucinado y la locura.
Ahora suena bajito la canción
del mentiroso y voy a otros salones
donde están comerciantes de deseos.
Es genial que tú quieras ser mi letra
en mi rap: biografía siempre obscena.
La música es tiempo del presente
del ser indicativo de tambores.

Las virtudes del caos (romance)

Hace tiempo paseaba
por las nubes de estraperlo
y un buen día un niño dijo
que era dueña de lo serio
mas la broma del payaso
hizo mella sobre el pecho
y dejó sus cuatro cintas
maniatando mis cabellos.
Me cerní sobre la calma,
que es de espíritus su opuesto.
me hice tensa cuerda rota,
me hice dama sin sereno,
para que magos trenzaran
mis sosegados cabellos.
En un día sin su sol:
era mañana de invierno.
Era el pronto atardecer
que algunos llaman extremo,
pero sólo es la palabra
cocción en marmita al fuego,
le echamos unos pronombres,
anteponemos el miedo
y después se va el ganado
por la verdad y su verbo
conjugado por bebés.
Es de amarras este tiempo,
es de ciénagas y espanto,
en el trino de los senos,
me amilano y me hago rata
hasta el pretexto del cielo.
Me entretengo con el hambre
y su mirada sin celo,
en el espacio sitiado.
No me enseña nada bueno
el ulular de las bocas,
la crecida del veneno
en una tierra dolida
por artistas crisantemos
que carecen de dobleces
y de espadas en su duelo.
No hay nada tan dulce y triste
si te crees lo que es cierto,
como ser polinizada
por las marcas de lo bello,
cuando atacan cualidades
que el éter hizo con tiento
en la salvaguarda siempre
de lo seguro y no ajeno
a las virtudes del caos.

lunes, mayo 25, 2009

La nostalgia

Por la puerta del silencio huye el miedo
que es cobarde en su pisada y se abastece
de lo propio de la nuez del púber, llanto
en las horas sin mirada ni amor propio.
En sus goznes claudicó la aventurera
amistad con la nostalgia que se hunde
sin sentido de lo cierto ni lo humano.
Es olvido en fluctuación a las esferas
es apátrida estación de maquillajes.
Mi caballo hizo las veces de soldado
cuando el frente está sin sangre en los caídos,
cuando el hombre friega otoños en raíces,
que doblaron el instinto del caballo,
hacia balas de embestida en la alta cumbre.
Unicornio de piel blanca y sed de ánfora,
no me dejes olvidar en el dintel
la preciosa llave mágica del sueño.
No me hagas ser muñeca sin pasado,
fantasía y la nostalgia de las nubes.
Si silbaban las cometas en el cielo,
en la tierra era su sombra misteriosa
la que abría las moradas de centauros
siempre raudos tras las puntas de sus flechas
La nostalgia levó anclas del pasado
y ahora está latiendo en sienes lesas, pobre
niña e iris sobrehumano e infernal
que abre puertas del presente en anaqueles
y prorrumpe en una danza de las máscaras
cuando víctima y verdugo son el mismo
bajo nubes sinuosas de misterio.

La verdad

En la roca se partió la metralleta,
en los giros de un viscoso malabar
que en poesía se diluyen el sangriento
ventanuco a la estación de los loqueros,
y la cinta maltratada de la edad.
En los senos del Invierno hubo un descenso,
desde grutas insondables a la sal,
El incierto poetastro del milenio
hizo trizas la morada del verdugo
y de frondas estrujó la marejada,
y de fines de los tiempos, hizo paz.
Los eclipses capturaron las magnolias,
las fisuras del presente hicieron mella
en corazas de los Dones de los títulos,
de los sabios del millar de papeletas,
como el sol en el pestillo del poniente.
cuando cierra los cristales de las urnas,
que saciaron sed y hambre de capturas.
No me entrego a tu viciada llave oscura,
soy del tiempo su jaleo y de cintas,
su avance fortuito en la memoria.
Si avanza la verdad del compromiso,
me sumerjo en los visillos de una Era
que innova en su boquilla hasta prender
y se apaga en los momentos del mañana:
por favor, no sueñe usted con profecías.
hoy, ahora y su conquista es la verdad.

viernes, mayo 22, 2009

Grados

Esta mañana, el termómetro marcaba
treinta y seis
y me envolví con trapos
de medusa,
me levanté el flequillo
para otear
el jadeo del sol en la cuneta,
donde los grados
se hacen pocos ante el fango y su sangre.
El coche esperaba
con el conductor metido
en la guantera
y los sinónimos de patria
le dolían
al pobre como su paz en un pitillo,
que se consume
al aspirar su humo de raza.
Ahora es por la tarde,
los necrófilos aman la espera
desde el televisor
del burgués,
que desconoce
que los amos de la noche
viven durante el día,
pero con las persianas bajadas.
Las garzas
suben hasta el cemento
de las oficinas,
miden sus picos
y devuelven las cintas métricas
a los maratones
de las Olimpiadas.
El termómetro marca
sin el mercurio en su probeta:
ya se fue el gestor de anuncios
a vitorear al planeta
donde el calor
es más profundo
y los creativos
ingenian una nueva amenaza.
Mientras,
los creadores se comen
la melaza de su ombligo,
cuando el cordón umbilical
se hizo nostalgia
y el corte,
centinela de pisadas sin rastro:
el dolor
de la rutina se hace fasto del comercio.
Dentro de poco
se hará de noche y los grados
se subirán
al asiento del conductor,
donde la esperanza
de ser amable consigo mismo
dará una vuelta
al espejo retrovisor
y se quedará
varado en el instante.

Confesión

La gruta de tu instinto
sirve de condimento
a mi valor.
Yo valgo tanto
como tanta atención
en tus cenizas.
En este pasadizo
donde sicarias
venden su orgullo,
donde morenas
muestran los dientes
y las rubias o claras,
su olor rancio
me comunico
con tu fantasma,
ser redivivo.
Pero es una distancia
que yo conozco:
de tu pelaje
hacia tu corazón,
desde mi casa
hasta el cielo del sótano.
Si se enturbian los brillos
de mis caprichos,
me concederé un brindis
sólo por ti,
aunque sea distinto
lo que deseo.
Porque así te recuerdo
con el pulso en las manos,
tu silueta
descongelada.
No eres tan diferente
de como te pensaba
un búho malherido
por sangre de la luna
un venerado
y justo seguidor
de Nostradamus.
cuando aún era un loco
sin Abilify.
Me miras desde
el vidrio, al otro lado
y nos separa todo
mas no el deseo,
en tus humildes ojos,
la pequeña piraña
que muerde mis antenas.
Perdona que sea torpe:
Si la frecuencia
de tus besos cayó
en el marasmo,
tanta mentira
que las noticias cuentan...
hay dos verdades
en mi confesión triste
una fue capturada
por la vergüenza
y otra, por tu ternura
y la memoria
de su heredad.
No hay nadie tan estúpido
que ose preguntar
con cuál me quedo.
Ni tú, envuelto
en celo de alacrán,
ni yo, que aún conservo
el frío antídoto,
aunque sea en pastillas.

jueves, mayo 21, 2009

La ternura de mi herencia

Así amo el simbolismo de tus dedos
en arpegios del violín que sabe a tierra,
de la muerte preferida de tu hado.
allá donde brillan bichos sin sus alas,
en el frente militar de querubines.
Y es materia que se achica en breves tiempos,
como lunas en salmuera peligrosa.
Se partieron las heridas de tu sed,
se hizo luz el precipicio de la duda.
y los sesos barbotantes se acicalan
para estilos más apuestos que la fé,
aún estando en la cabina del silencio,
Desde allá se pueden ver los cataclismos,
las verbenas con sabor a las manzanas
con azúcar, pulcritud en cada siglo.
Las centésimas del miedo hacen méritos
en la popa del navío sin teniente,
pero el fiero capitán de las pisadas
dejó huellas de aguanieve en el glaciar
y en su mano iba la voz de las jaurías
que dibujan el Pacífico en azul
cuando unen sus agujas en minutos.
si mi herencia es de ojos negros y piel dulce,
su horizonte no será teñido en sal
el segundo salvará tanta paciencia
en finales sin el tiempo manuscrito.
Seré falla de la muerte en su escritura.
si la tinta se derrama por la mesa,
en su mancha habrá un sentido a la ternura.

martes, mayo 19, 2009

El artista marciano

Yo te amé desde el instante de la lluvia,
cuando el hipo del vermut hizo saltar
la aceituna más allá de la memoria,
como un sabio disfrazado de aquel héroe,
que la lágrima sudada por el cielo
rescató de lo olvidado para ser
el fiel lienzo del artista tras su eco.

Yo te amé en la cavidad de lo absoluto,
cuando ranas festejaban su miseria
y las fieras se lamían atributos,
No te mires las fisuras en la mano,
ni las llamas en tus sienes que estipulan:
por un lado, los conejos son carnaza,
por el otro, sus orejas son agudas.

Pero yo no soy conejo ni su oreja,
y te tengo en la mirilla de mi rifle,
porque sé que el sol molesta en las pupilas.
Más allá de tus pestañas y tus cejas
se hace un nido tu cordura con amor
propio, como fue el artista en su platillo:
el marciano que en las noches es la presa.

domingo, mayo 17, 2009

Cuesta

En la ventana se agolpan los cretácicos,
el rocío duele en la mentira,
en la figuración de un tiempo
adorado por lo falso.
El reloj marca sus coordenadas
como un penitente de la nostalgia
y las monjas arrebujan sus hábitos
en un vicio pasajero,
hasta que el convoy las convoque
en jornada de duelo.
Sobre la mesita,
un místico adiós,
una pasarela a la mendicidad
que tanto te acosa,
desde que probaste el camino a cuestas,
la seriedad de una lata
donde las monedas
resuenan con eco.
En tu cabeza,
su tintineo
te hace oler a rata.
Desde entonces,
te prostituyes con los buenos,
eres del coral de las alhajas,
y de la basura de lo siniestro,
que te atrapa como a una colegiala
su colección de amados cantantes.
Lo más parecido
a la apoplejía de lo obsceno
se rebobina en el carrete
de una cinta que no cura
a los creyentes
en síntomas paralelos.
Tu corazón
equidista de tu cabeza
como un funcionario de su oficio.
Pero no te creas inmune
a la verdad que te representa:
en cualquier momento
se desatará el síntoma de la vejez
y el sol se apagará
como el túnel de luz
que te lleva hacia lo perfecto.
El toro se fue de rumba
con el torero
en los barrios bajos,
donde el reguero de sangre
sabe a puta alegre.
Ya te ganaron
en cuesta arriba
y sin pendientes
de cierre mágico.

sábado, mayo 16, 2009

Los reflejos de la luz

La luz vitoreaba
rondós en espesuras
y en dolidas mazmorras donde las hojas caen
en su reverso
arde la creación vil
de un gran Dios hombre
de un destinado adagio
a las pesadas plumas
de los escribas.
Los giros diminutos
del amarillo
traen a la patria añil
la desmemoria.
Páginas que no marcan
los que señalan:
es el vicio del podio
el que vocea
como si una estrategia del rencor hacia el tiempo
se consolase
en el verano,
como fea clausura del verbo en mordeduras...
el roedor es sabio porque lee con los ojos
clavados en la bestia.
Los llantos de animales
no son lo mismo
que las riadas
de cortinajes
que cierran las auroras
en el gris punto
de las estrellas,
maestras de la noche,
pero devotas frágiles
del eufemismo.
No cierres la puerta antes
de que la senda
se haga avenida
aunque la fiera
fiel animal
te traiga su testigo y sea una marca
indeleble en la sangre
y los hombres se crean
que los escombros
han usurpado
el gélido café.

La puerta

De cortar breves limones en la cesta
se han abierto voluntades en tu sed.
Se bajó el sonido azul de tu ventana
hasta el fuego saludable de besar
unos labios que aminoran el bermejo
en los cuadros favoritos de tu abuela.
soy de un sitio cuyo nombre no se olvida,
aún a cuestas de la vida en la osamenta.
Soy de un sitio que es la cruz de los quirófanos,
de las píldoras y el hambre sin mis ganas,
de la voz y el magnetófono en tu miedo,
que no pide los centavos de la suerte,
que no ama las raíces tan profundas
que nos hagan recordar lo que ya fuimos.
El sudor de los mártires sabe a muerte,
la verdad no colisiona con manzanas
desprendidas de su árbol como llaves.
El cerrojo se partió con tu deriva
continente de gasoleo que no explota,
del dintel pude sacar puras falacias,
la madera me llamó la prestamista
de la fe en el alma fuera de su límite,
el lenguaje de lo inerte se ha hecho verbo,
cual delirio que hace bello el ser bestial.

El ratón

Las veladas del ratón en su agujero
me recuerdan el pedante sol de otoño,
que no ofusca los sentidos de la gente,
pero friega el espíritu con valor
dando al pulso su reinado de coral,
y a la voz incesante fuente de océano.
El ratón perdió su queso entre las trampas,
rasguñó sus orejitas con el sol,
porque un ser tan diminuto no es capaz
de pelear con las estatuas y su malla,
su apetito no se duele con el tiempo,
su medalla a la honradez es tan fingida
como el premio en laberintos de artificio,
y se presta al venerable ser humano
y se presta a su racimo de aleluyas.
La probeta sabe Dios qué calculó
dando a luz a un roedor que no festeja,
su querido queso fue vianda del gato
bigotudo y asesor de los planetas
con sabor a inerte plagio de los óleos
con su muerta que llamó Naturaleza
al olivo centenario y sus arrugas.
Otra vez el fantasmal otoño sube
como humo a la escalera para incendios