Mi nombre es Rosalía Linde Camacho

Este blog es prioritariamente de poesía, aunque no descarto la posibilidad de poner un comentario sobre otro tema. Doy la bienvenida a todo el mundo que quiera entrar en mi espacio y dejar sus impresiones sobre lo que hay en él.

jueves, abril 30, 2009

Rebeca

A ratos la urticaria de tentáculos
especulaba sobre el pecho amable,
unas veces, gemía el cielo ritmos,
otras veces, tentaba el sol los techos.
La música sonaba sin parar,
las mujeres sudaban sus camisas,
y los hombres pedían otro trago.
A ratos, el olor de festival
restaba pestes sobre el tenedor
que insistía en pinchar a la cuchara
y el camarero fue a dar un saludo
al vicio feligrés que era caníbal
hasta que sus ojeras le asustaron
en la luna del bar que olía a cielo.
A ratos, de aquel tacto de los sexos,
sólo quedaban frías peripecias,
que firmaban facturas de lunáticos
de aquellos que se fueron del bar solos
y no hallaron la calle del consuelo.
A ratos, los tentáculos se abrían
luces fosforescentes eran paz,
aunque el alcohol ya hubiese hecho diezmos
de las defensas púberes en sangre
que luego vendería al jornalero
del tiempo y la vejez, compañas breves.
Una cabeza, útero de sol,
una mano, mirada tan audaz...
la piel, desenfocada por el flash...
A ratos, el océano tragaba
los diecisiete abriles de Rebeca
y su instante de gloria era humo,
alcohol y hormonas llenas de optimismo.

domingo, abril 19, 2009

Mi aldea

Mi aldea es un filtro de la lluvia,
un escaparate vivo.
Salen cientos de lágrimas
de la noche,
envuelven las brillantes cenizas
y se esconden tras lo pactado.
Es como un cuento
que se rebobina,
De las encuestas
a la espalda del miedo,
quedó una pizca de pasión,
también la ira contenida...
Sabiendo yo cuánto se hacen valer
los agricultores de lo espeluznante,
no debería vestir mi traje de gorgona,
no debería ser labio en la espesura,
pero las bestias saben de jalea
y teorizan sobre las trituradoras
sin enchufe.
En el socavón de lo invencible
bebí un trago de Selene,
se me perdieron los rasgos inocuos
y calló el mirador de la torre...
me convertí en fiera cerca
de las postrimerías de lo normal,
del sucio valor
de una perra gorda.
Mi aldea es una ciénaga
de cultos satánicos,
una empresa que se cierne
sobre la tradición,
pero con sus venas de franquicia
flota sobre el vaso cristalino.
No sé de cualificaciones
de lo invisible,
no sé de jaulas sin barrotes,
no sé flotar sobre una mísera
jarra de güisqui.
Se me escaparon las maravillas,
se me fundió el iris
en madrugadas absortas
por el gorjeo del rejoj.
Ahora fallezco en la espera
del próximo adiós,
que pronto será
una bienvenida.

domingo, abril 12, 2009

Madonna-Vogue

El demonio

El demonio se acuesta sobre los inviernos.
Llora lágrimas ardientes,
no teme las primaveras.
Pero desde su ventana
se ve la histeria
de los colectivos:
mujeres asesinadas por la hinopia,
sangre seca que se acumula
en las heridas de los malnacidos,
de los inpulcros que no escupen rabia,
como, ¿por qué vine a este planeta?
¿por qué las plantas se regeneran?
¿por qué mi pulso es incorrecto?
El demonio tiene ojos de pulga,
sabe contar las motas de caspa
en los periódicos amarillos
y se protege del hielo
con ráfagas de lucidez
que derriten la astucia.
El demonio es mi marido,
por las mañanas acude a su oficina,
por las tardes se recuesta en mi regazo,
por las noches escapa
y se mete en mis pesadillas.
No soy la presbiteriana soñada,
no soy la ilegal sorprendida in estrangis,
soy la más caduca de las edades
que se hace señal en las noches de luna nueva
y en los eclipses,
soy la escueta marejada
de un terrón de azúcar en una taza de leche.
Me temo que no quepan las voluntades en mi coartada,
me temo que los muros sean demasiado estrechos
como para que el hombre invisible pueda cruzarlos,
aún disfrazado.
El demonio se llama Cariño
y mi ofrenta es ser su vicio
más insignificante.