Mi nombre es Rosalía Linde Camacho

Este blog es prioritariamente de poesía, aunque no descarto la posibilidad de poner un comentario sobre otro tema. Doy la bienvenida a todo el mundo que quiera entrar en mi espacio y dejar sus impresiones sobre lo que hay en él.

martes, marzo 24, 2009

El espejo

Si lograse comprender
el todo por el todo,
no daría ni uno sólo
de mis céntimos
por nada como tus huellas,
como el frío amanecer
en las cornisas.
Me llamaron desde el otro lado,
me indujeron a ser pura,
me rasgaron las mentiras
en metamorfosis complicadas,
como una foto que se dobla.
Ahora me sacudo la cicuta,
levo anclas
hacia el Ministerio de Fomento,
donde la burocracia
no sanciona los papeles
y las vueltas de tuerca
se llaman arquitectura.
Si me pruebo la miseria
en probadores multiusos
me divertiré con mil y un sueños
en los arquitrabes de la gloria,
seré la pitonisa de mi sombra
que se deshace en elogios
hacia Sherezade y Madonna.
Mi muerte no es una papelina,
es la droga
que adultera el silencio
con su panza estrellada
como un falso idilio
con la gota de agua
que se quedó en la cubierta
mientras el naufragio
se despedía del ruido.
Así de frágil,
que la Metafísica
me duele en los pechos,
en la matriz,
y en la sensualidad
de ser yo misma
ante el espejo
cuando el olvido
se fue de camping
con el miedo.
Cuando vuelva,
no me pillará
su fantasma
porque seré tan vieja
como la muerte
y
el
más
a
l
l
á.

martes, marzo 17, 2009

Todo es culpa de Candilejas

Cuado el visitante
de ojos veneno
probó las semillas
de la simple astucia
se remuneró
en el silencioso
sendero del llanto.
Gritó con pulmones
que no probarían
jamás las moléculas
de aquel combustible
tan blanco que fuera
lo opuesto a un residuo:
el litio cual sal,
petróleo divino.
Gritó con espasmos
de veleta en lunas,
tal vez medias lunas,
apuntando al Norte
como la conciencia
de aquel poderoso
que arrasó chabolas
soltando burbujas
desde discotecas
hasta las campañas:
la publicidad
que tiene la sed
de la verdad justa.
Cuando el visitante
volvió su mirada
a la Babilonia
que lloraba a solas
decadente y cierta
volvió hacia los humos,
se echó en el suelo
y sintió que el vértigo
sus ojos veneno,
lo había tragado
el lisiado apuesto
la felicidad
tan plastificada,
que ya no distingues
tu corbata en serios
despachos de Oz,
y el ilusionista
te roba el reflejo
haciéndolo suyo,
solo es pantomima
de ese Candilejas
que ríe de ti
con sus flores falsas.

Si

Si te entretuvieses
con la trementina
de las nubes idas,
ningún pasajero
podría robar
tu billete al claro
armatoste azul
que el sabio creó
para entretener
a tan fiero ángel
que se le acercaba
al quicio del sueño
donde los fantasmas
pierden su coartada
Si te acicalases
con el gris perfume
de tu sombra austera
no se vencería
a la cruel patrulla
de las noches frías
ni al gélido copo
que sigue tus pasos
hacia las macetas
que crecen con miedo
mientras la flor mengua.
No te acostarás
sobre las cornisas,
no será tu huella
la astuta mordida
de los pantalones
a su cruel reflejo
tan asexuado
que ni recrimina.
Serás el vencido
en única guerra
que reinventa paces
como tanta máscara
reinventa sentidos
en partes festivas
de la realidad.