Mi nombre es Rosalía Linde Camacho

Este blog es prioritariamente de poesía, aunque no descarto la posibilidad de poner un comentario sobre otro tema. Doy la bienvenida a todo el mundo que quiera entrar en mi espacio y dejar sus impresiones sobre lo que hay en él.

viernes, enero 30, 2009

El sentido de las formas

El sentido de formas que desvisten
desde la amanecida floreciendo
en claveles de astucia que no pagan
los penosos estados de conciencia.
El sentido de sendas que no culpan
a corolas de nuevas estaciones
donde el pasado otea desde fríos
rincones de la muerte, con su savia
que es la ovulación de todo olvido.
Sentido que no espera barbotantes
olas en el navío y su fiel proa
mira hacia las mitades de la esfera
y llueven princesitas con sus tiaras
y las mujeres recias se trajean
con comisuras lánguidas, sin sorna,
la defenestración de las pisadas
se pierden entre curvas de fx
No creo en las cigüeñas que no aman
campanarios, amigas de palomas.
No creo en las campanas que no suenan.
En la noche de albor de un transformista,
devuelve sus harapos a la estatua
y de los precipicios grises huye.
La semiótica de una forma dada
es confabulación con estropajos
que saben de la abulia siempre terca
en el significante de la duda.
Tertulias atoradas en el vicio
dan los significados a la gente
en la espuma que bulle en las cabezas;
esta siempre se achica ante el bebe,
manos balbuceantes, pies inquietos
no espera amanecer con voz serena.
teme la colcha fría de lunáticos,
y el mostruo del armario que se esconde
siempre, como la sombra del latido.
En el ofrecimiento de la rosa
siento tanta ternura como música
que escuchamos en lágrimas, en risas,
en todo sentimiento que no asome
su frente sudorosa a horribles riscos
donde mora la bruja de lo incierto.
El yodo en el coral resta los rojos,
paseo por las nubes del color.
Lo opaco de los fondos submarinos
no se vuelve sirena, mas tampoco
es de todo muchacho su cruel títere.
Cariño,
no intentes convencerme de que frondas
de los bosques se ubican en mi pubis
de que tanto cacharro que lastima
la cordura es culpable de mil cosas...
letanía agridulce de la estaca
la sobrenatural muerte en minutos
No soy la usurpadora de los niños
que hambrientos regurgitan sus penurias
tampoco soy resaca del instante
que con conchas añora nuestro vuelo
sólo soy el sentido de una forma
que en la semiología se desviste
de las cartas que escupen como cánceres
con metástasis cegados buzones
en la salubridad del gran silencio
de nuestra queridísima postura sexual
que no añora reproches ni censuras,
que esculpe estatuillas para todos,
conversos a la fe, también agnósticos.

Piel

La piel se ofrece
a lubricaciones de humo,
a tenaces auroras.
Es el cuadro de un maestro
en hacer del cuerpo un talle,
de la ira contenida,
una rosa.
Debajo no hay más que euforia
por un tiempo malgastado
sin bastantes caricias,
sin las trizas
de una sola cicatriz,
que recuerde lo olvidado.
Los niños bailan entre cortinas,
las abuelas les visten el pelo de azucenas
y ellos escriben
su mordaz patrimonio
en bisutería barata
deshilachándose la historia
en el Holismo
de la conciencia colectiva.
Las fisuras de mi piel
son las prontas negaciones
a un recuerdo malherido,
antes de que la lluvia,
con su capa de cínicas lágrimas,
empape mi cordura
en un firme mirador.
Allí avisto tus dedos
sobre la llaga
que aún no se ha recuperado,
que maldice los rencores
yuxtapuestos
de la Teoría del Todo,
que se explica con ecuaciones
sobre la cuadrícula del tiempo:
las estaciones
no son las pinturas al óleo
que ostentaban las estatuas,
dispuestas a desfallecer
por una suma sin resto.
Las arrugas son la cinta maravillosa
de los enanos,
con circunstancias de facturas,
con veredictos
de su propio tamaño.
Sin el terror
de las posadas de los elfos,
mi cobertura
se vuelve gelatinosa,
verdura de ecologistas,
malinterpretada
por unos besos a deshora.
Si negamos el minuto
que nos rasguñó la piel,
podríamos ser coristas
en un espectáculo sin vítores,
pero me encanta
tu pasaporte a lo maldito,
a la trementina
no usada de camisas
sin almidonar.
Te concedo la potestad
sobre mi tumbona de amatistas,
después vendrá el camarero
con la piña colada
y será el roce
de tu piel con la mía,
la que me haga sucumbir
al paraíso
de las amazonas.

Vengativas palabras quebradas a la carta

Aquel portentoso que rodó
por calles troyanas, escondiendo
en su interior cientos de guerreros
es tan imposible de igualar
a tu alevosía que en mi llanto
no espero encontrar tus pasos solos
legiones de seres en tu pecho,
me recuerdan zíngaras, gitanas
adivinadoras de la suerte,
que un día me hablaron de tu lecho,
de cuántas pasaron por tus brazos
y de cuántas fueron por capricho.
Jamás te acepté tanta mentira
ni por los que creen en milagros
me dejo embaucar como una niña
que corre a tu seno sin premisas,
la próxima vez sé la cuchara
para cuando yo me doble en dos
tú serás reflejo de mis salsas
y en el condimento está el secreto
para hacerte ser de nuevo tú,
un trasto inservible que decora
mi cubertería sin cuchillos,
esos se los dejo a tus patrañas
y a los corazones que rompiste
que aunque necesiten unas vendas
yo no ofrezco más que vengativas
palabras quebradas a la carta.

miércoles, enero 28, 2009

Se merecen lo cándido

Tintas de sal merecen apertura a lo cándido:
en kimonos teñidos de tantas meretrices,
en las hojas, que rotas, se quiebran en herrumbre.
La madurez: excusa para presentimientos
que en llamas se acicalan como fuego sin luz.
Juega la trementina, los disfraces caen solos.
Juegan los termiteros, con maderas de pino,
pero con sus antenas buscan un material
más caro: la caoba, tal vez, o el real cetro
que las reinas pasean por el jardín hermoso.
Los cientos de frenéticos soldados de Mercurio
besan las hendiduras del festejado pánico
por la araña sintética, por el frío voraz,
sus mensajes son sólo axiomas del conforme
con su sillón mullido, con su horrible censura:
la fuerza subyacente en todas las caricias
que luchan entre muros fieros y las eternas calles
desiertas y en silencio, aún sonando los claxon.
No creo en la inocencia como el gran pasaporte
hacia sabidurías,
ni creo que las copas se llenen con la magia,
que se compra en las tiendas del desamor barato
Mas pienso en estrategias de los ciegos y cojos
en fisuras de un duelo entre la cruel,siniestra
terrible neurastenia y la tranquilidad
de unas margaritas desfloradas por púberes.
Si tú me traes tu asueto, haré por reinventar
carencias del soldado, haré por salmodiarte
con el verdor del bosque, donde todo combate
lo secuestra el Dios Gaia, de la ciencia que huele
a humo y chamusquina, por todos los negocios
de los padres del mundo. Mientras, la Madre Tierra
recompone estaciones para tanto temprano
tropiezo de los coches, para tanta niñez
sin la Naturaleza Muerta ni aquel redoble
de tambores en fiesta. Yo te propongo algo:
tú me envuelves el premio en vitrinas de ahora
y yo te vaciaré el saco con la terca esperanza
de hallar yodo en cornisas, la jalea en las huellas
y amistad en la sombra.
No eres ese fulano que embadurna su piel
con pez en la gris noche, por eso te conduzco
donde la huera ausencia se desviste sin público
su fin es ser tu Diosa en la crepitación
de un párpado con rimmel.
Los niños no serán tan niños como antes,
adultos no usarán las ropas fluorescentes.
El único sentido de este epitafio muerto:
no más ver tu sonrisa sobre el lodo que huye
y me regala flores, vital para estampidas
de forajidos crueles, vital para el secreto
y mi vicio que quiere ser tu remanso solo
donde la paz es rito de la poesía de agua
y las nubes del día de otoño saben cobre
como tus besos cálidos,
hilo que une lo real con la virtualidad
del silencio callado.
No esperes las alforjas llenas en marejadas
sólo cuando el arroyo es manso es posible
oler con la dulzura la candidez de iris,
materiales y plenos.
El espíritu brota como una fiesta en bruma
en las aceras húmedas del silencio y las niñas
se escapan de su patio, se suben a los árboles,
y los mayores huyen de su triste oficina
suben al ascensor...
todo ello es tan tierno como miles de ojos
en la aurora que empieza, con el sol tan colérico:
estrella de los libros, alucinación de humo
no te apoderarás de mis agallas viejas,
ni aún en la evolución que me quitó ese premio.
Si yo soy tu costilla, tú no más que la vértebra
que no sabe el dolor de un hueso que yace roto.

lunes, enero 26, 2009

El pan de las brujas

Por la senda cubierta de lirios
el pelele del fuego llamó
a los santos ausentes del miedo
porque el trono de fiera madera
se cubrió de estrellitas sin cruz
para dulces mentiras beatas,
que no siempre la lluvia persiste
en las botas que huyeron del frío,
que no siempre el dolor se disfraza
de la fuente maestra que brota
escupiendo palabras sin voz.
Las preguntas se niegan a ser
respondidas por jueces benditos
porque en su propia esencia se esconden
las llamadas al catre del sueño.
Este tiempo carece de agujas,
al igual que lo hace de cintas
que nos atan a ayeres malditos,
solamente se ve en tus pupilas
el revés de pelotas de tenis
que en las canchas se esconden cual duendes
tras tu ira perpetua, mi amigo.
Yo también lo asevero: no somos
nadie sin el retorno al pasaje
donde brujas nos dan escobazos
y las niñas abrazan sus madres,
aunque el miedo tan sólo se trate
de una burla de lo ignoto en filas
que reparten el pan a las brujas.

Mimí

Es demasiado pronto para volver-, dijo Sandra, con la mente ocupada en mil distracciones. Sus sentimientos eran tan tormentosos como aquel día lluvioso de invierno. -Pero las cajas deben estar ya listas-, le contestó Marcos entre susurros, que ella percibía de una forma inconexa, como retazos de un discurso. -Vamos hacia la casa de María, venga, no podemos dejar pasar más tiempo-, Sandra tenía los ojos llorosos. Se sentía mustia y no lograba centrar sus ideas en lo que le decía Marcos. -Oye, mira, me voy a mi piso. Tengo que pensar un poco más en todo esto.- ; -Está bien- , le contestó Marcos, - pero mañana, a las seis quiero verte en casa de María-, -vale, vale, de acuerdo.-
Sandra cogió el metro, tambaleándose, se pasó de estación y tuvo que tomar el tren de vuelta. Cuando llegó a su casa, se quitó el abrigo y encendió el calefactor. No tenía ganas de ducharse ni de quitarse la ropa mojada. Empezó a hablar en voz alta a su ídolo, su pequeña muñeca despelucada que era su confidente. -No, tú no eres una buena amiga. Me has hecho mucho daño. Ahora hice un trato con Marcos y tus clones van a estar en muchos de los hogares de niñas que se sienten solas. No te basta con haber destrozado mi vida, sino que tienes que ser la Diosa del Universo.- , -Te equivocas, Sandra. Yo no soy más que tu alter ego, tu parte más íntima que te niegas a aceptar. Dentro de poco, otras niñas serán capaces de disfrutar de la compañía de su yo más íntimo. - Te voy a asesinar, voy a quemarte y después no podrás herir a nadie más- Sandra cogió a Mimí, que era el nombre de la muñeca, y la llevó a la bañera y encendió una cerilla, se la acercó a los ojos y consiguió chamuscar sus pelos y un poco de la piel de fieltro, pero ella seguía con su sonrisa burlona. -No podrás conmigo. ¿Te crees que con una simple cerilla puedes quemar tu alma? No hay nada ni nadie que pueda con tus miedos. Sandra estaba furiosa y aterrada. Cogió el teléfono y llamó a Marcos. Le dijo: mañana estaré en casa de María, no te preocupes. Esa noche no pudo dormir, la muñeca no hacía más que mirarla con su cara desfigurada.
A las tres de la madrugada, Sandra consiguió conciliar el sueño y se despertó a las cinco, con el tiempo justo para ir a la casa de María. Allí estaban todos, Juan, Marcos, María y Bebi. Marcos le dijo a Sandra: ¿quieres ver las imitaciones de Mimí? y Sandra abrió una de las cajas: allí estaban todas ellas, tan puras como Mimí, pero más... Sandra se preguntaba porqué Marcos había querido crear esas imitaciones de su terrible muñeca. Y le preguntó suplicante: ¿Por qué? ¿por qué has creado estos seres diabólicos?-Simplemente pensé que podía ser una buena idea.- ,-pero Mimí es terrible, me acosa por las noches, me aterroriza con su mirada-. -No te comas el coco, Sandra, toda la operación irá a pedir de boca. Ahora vete a tu casa y ya te mandaré a los clones de Mimí para que la distribuyas en los hogares de las niñas del barrio.- Sandra volvió a su casa, volvió a equivocarse de parada, iba cabizbaja, pensando en el cataclismo que iba a suceder si millones de Mimís se distribuían por los hogares de tantas niñas indefensas.
Metió la llave en la cerradura y la giró. Ya dentro de casa vió a Mimí, con su rostro monstruoso, que ella misma había deformado y sintió que el corazón le palpitaba a mil revoluciones. -Vaya, ya estás de vuelta-, le dijo Mimí. ¿Tienes miedo? no hay motivo. Todas esas niñas estarán felices cuando reciban en sus casas a mis queridas hermanas. Sandra no pudo soportarlo y se tomó tres cajas de tranquilizantes, se echó sobre el sofá y esperó con el miedo en sus entrañas a que hiciesen efecto las medicinas. Mimí le decía: - eres tonta, niña. No eres capaz de aceptarte.- Poco a poco, fue cerrando los ojos, hasta que sólo percibía una visión borrosa del techo, difuminándose.
Al día siguiente, Marcos se enteró de lo ocurrido y sintió un poco de lástima, pero pensó para sí mismo: ¡qué se le va a hacer! estaba completamente loca. Mientras, Mimí seguía con su sonrisa sarcástica en el rostro, hasta que la familia de Sandra fue a recoger sus cosas a la casa de ella. Al ver el rostro desfigurado de Mimí, el padre de Sandra se horrorizó. En otro hogar, llegó una de las muñecas a manos de una niña pequeña y su padre, alterado, se la quitó de las manos con avidez. Seguidamente, se metió en el baño y comprobó que la mercancía estaba en buen estado. Echó los jirones de tela restantes al contenedor de basura. La madre de Sandra hizo otro tanto con Mimí. Este fue el fin de una gran amistad.

Por la tienda del mundo pasé

Por la tienda del mundo pasé
y no vi ni las nubes peladas
ni el secuestro del verbo en las hojas,
escruté los venados del miedo,
acudí a los antiguos profetas,
y no pude planchar la actitud
del actor encumbrado a los vítores
y no pude frenar los estruendos
del submundo ensoñado con sed,
de adivina del precio del hambre.
Por no más que unos cuatro duraznos
vi a aquel niño partir sus caninos
y su fiebre no deja dormir
a mis cuatro neuronas sin rumbo.
Por la tienda del mundo pasé
y no fui capaz de algo tan bueno
como el hambre y la sed sin cinismo
ni las capas del éter me llaman,
ni las mondas y el fango me aturden,
porque soy de los tuertos la reina
y de ciegos, la súbdita amable.
porque al niño y al viejo no curo,
ni me curan sus vicios del frío.
Este mundo es un tiesto que riego
sin simiente en sus cuatro costados,
sólo tierra y oscuros vampiros
que no chupan fracasos pacíficos,
sino frases de oprobio a las musas,
el divino artesano del mundo
querrá ser un artista soldado,
aunque yo desconozca porqué.

domingo, enero 25, 2009

El cetro mecánico

En las tuercas del cetro mecánico
viven larvas de miedo que lloran.
La paciencia no es don de las huelgas
que se instalan en fríos abrazos
de la reina a sus súbditos pobres.
Ella vierte ungüentos de moda
que no curan su senda proclive
a ese clima tan propio del alma
de las almas de párvulos serios
que en revueltas encuentran lo ignoto
corazones partidos en talles,
una mente razona en sus manos
en las huellas del muro sin nombre,
el estilo no puede romper
las barandas del patio cercado.
Propaganda del régimen sabio
de la reina y del pueblo a sus pies,
pero cándidas ropas se tiñen
de la sangre de gente sin cetro
y en el paso del hombre humilde
se convierte el veneno en vertido
se transforma la voz en marea,
y las sendas se abren al cielo
donde vistas se imponen al vicio.

sábado, enero 24, 2009

Tu carta lacrada

Si te comiste mi seso,
no sería casual
que te invistiese piraña
en un mundo carcomido.
Preguntas de la ceguera
de tanta casualidad
me dan una enorme risa.
No hay causa para horadar
en la semilla hasta el güito
de platónicos amores.
Si te comiste mi entraña
no sería la miseria
tan mórbida que me auyenta
la que preguntase sobria
por tus iris en silencios
que inauditos se consuelan:
todo ello es tan incierto
como el sabor de la aurora.
¿Cuántas caricias sellaron
nuestro pacto con las puertas
entornadas del armario?
Si es un títere tu boca
en aulas de bruma fría,
mi sustento son tus números
de calidad insondable.
No es veraz cuantificar
los diarios amarillos
que rezan por las migajas
de conciencia que se anula,
cuando gris recapitulo
sobre un pasado que aún llueve
en las corazas del tiempo.
No se pueden hacer cuentas
de la lluvia en las agujas,
el risco sabe a mostaza,
huele a grasienta hamburguesa
y la inmensidad del orbe
se difumina en apuestas
por el hidalgo más loco.
Si te comiste mi abulia,
te debo el agradecerte
los premios del sinsabor
de un tenebroso pasado,
mas no esperes corazones
en el hogar de mi pecho
que lloren en los pedazos
desaliñados de autopsias.
El silencio no resuena
en esta caja de música,
donde dientes del tambor
se deslizan muecos ¡basta!
mi cinturón se abatece:
la pantomima del ruido.
No hay manifestación
que celebrar en las bombas,
en fusiles con tu sello.
La austeridad de mis restos
te la voy a hacer rumiar
hasta escupir mis estrellas
y en la noche de mi asueto
la luna contemplará
nuestro dominio de sobres
lacrados y con tu firma
que sola abrí en tu descuido
hallando la desmemoria
del capítulo que abierto
se lee desde el ovillo.

La belleza será su disfraz

El traspiés del señor le condujo
a avenidas sin patria, sin huesos,
pero casi se estaba en la gloria...
orfanatos crecían cual nubes
donde niños cantaban sus salmos,
más allá, más allá del carisma
más allá, más allá del dinero
más allá, más allá de las penas.
Y las nubes crecían cual huesos
con el calcio de voces auténticas,
desahuciadas las negras mentiras
del camino que llora el pecado.
El traspiés del señor fue tan torpe
que las hojas rieron al ver
su lechosa verdura manchada,
por un hombre tan pulcro, cantor
a la abeja y al cóndor tan sabios
que no muestran sus sexos al hombre,
que se visten de brujos y leen
en el sueño su sombra perfecta
que mostraba el feo cartón,
esa fea coartada de Dios
y el destino y sus falsas premisas
en el hombre sin capa ni gorra,
desnudez de su Don de presunto
desnudez de su Don sin astucia,
desnudez en la clara laguna
para el cielo tan justo y genético.
La belleza será su disfraz,
el coraje podrá con la lluvia
y ni el frío helará voluntades.

viernes, enero 23, 2009

Mala Rodríguez- Toca toca

La fragata

La fragata se achica en el mar.

Al romper el relámpago asusta
al grumete, que baja las velas.

la diablura del niño escondido
en las lonas es tan inocente
que no ve retaguardia que mole.

Él se ríe cual beso de oso,
el grumete le da un puntapié
y el pequeño comienza a llorar.

no existía la culpa en su pecho,
mas ahora es momento de echar
en el clavo su párpado triste,

su tristeza insomne a la muerte
de un tal superman que escribió
una Historia con sangre en madera.

porque luego se vino aquel cura
que dormía en aquella litera
allá donde no cruza el océano,
y le echó su sermón obligado.

El pequeño no ríe ya más,
marineros se agolpan en torno
y le dicen que no sea malo.

el viaje fue guay hasta ahí,
luego fue el capitán quien dobló
sus espaldas sobre él y le dijo
aquí no encontrarás la comida
ni la cama, grumete, tan sólo-

-y el grumete sintió una punzada
de la envidia. En él no era sano,
ni normal, su locuaz penitencia
con lo justo le llevó a temblar-

ni tan sólo la cura a tu pánico,
era aquel capitán discurriendo
por lo cual te echaremos al mar
donde vive la escuálida orca
tú serás su comida, grumete-

-y el grumete pensó: más escuálido
está él y el navío es su horca
mas no temo por él y su falta
de prudencia en mares de sueño

en aquel lugar tétrico algo
ocurrió. Fueron olas gigantes
las que hundieron la proa y el casco

y aquel niño se ahogó con la pena
de no haber sido atento a la voz
de Dios que le dijo que fuese
más mayor y no ríese alto,
pues sirenas son buitres y el mar
es su infierno y ahora es tuyo.

Tatuaje

Me encuentro en la cartera
una mitad del precipicio
que no ha salido indemne
de la mirada,
que se quebró en la lasitud
de miles de callejones.
El don de maravillar
es el truco de los magos,
la apuesta rauda
por un segundo más de tiempo,
antes de la explosión
que lastima voluntades.
Cientos de guerreros
se echan sobre el camastro
para soñar
con campañas de vítores
bendecidos
y puros con sabor a gloria
en instantes de lo olvidado.
En la paleta
de las mendicidades
se encuentran los filos de la astucia,
la realidad
hecha añicos de la vereda
que no devuelve
felicitaciones
por una ilusión divina,
por un medicamento
que se escarcha en los ojos,
aunque no sea el premio de la vitrina.
No somos víctimas
del comercio,
no somos sables
a punto de lidiar en el combate,
porque las vitaminas
de la sencillez
se travesten en momentos
que apadrinó el sin sentido,
fractales añadiendo esquinas
a lo absoluto del círculo,
mendigos de la hipotenusa
de un segundo tan tuyo como mío.
Los colores difuminan
el dibujo,
el Taj Majal
de las caricias
donde sólo el cariño
pudo sostener los pilares
y pagar a las aves
que gorjean en una cuadrícula
de mis instintos.
Tatuaje de amor
por el balbuceo,
tatuaje de censura
de lo terrible,
tatuaje que fijó
la crepitación
de las arañas
y de los simios
en un encuadre
de sano futuro,
donde los animales
se tienden sabios sobre las hamacas
y fuman puros
que les llevan a Marte,
a las maravillas de Alicia
en su convento.
Tal vez se hunda el mundo
en un cataclismo de seriedad,
tal vez las compuertas del ánimo
las selló Barrabás
con su feliz cautiverio,
que hizo añicos su vida
después de la muerte,
pero mi tatuaje
tiene unas letras inviolables,
ni por la carcoma:
el mundo no se construyó
en siete días,
los números saben a anfetamina,
a vestigios de un pasado
que ni las ranas
pueden desalucinar.

Yo quisiera ser ese

En la nuca el pasado renueva
sus escrúpulos cerca del cielo,
donde el cuento se nutre de dioses
y las francas izadas de flecos
te levantan a un mundo tan ido
como ángeles solos, sin reino,
que en su día tuvieron las ascuas
encendidas por miedo al vidrio,
donde sexo no rima con tiento
y tantear las agujas caídas
no es de gusto de santos ni hadas,
es más bien cual palpar el estilo,
en las frentes que lloran abrazos,
que cayeron allá en el frente.
Nos metemos en huecos sin luz,
donde el circo posó sus estrellas
apagadas en cientos de noches,
sin payasos que rían las bromas.
La tragedia renueva sus chistes,
más allá de Sodoma y Gomorra,
en los fríos actores del mimo,
que no cura a los sanos con vendas,
ni a los locos con luz en sus iris,
es la paz de cobardes la fruta
que valientes pisaron con saña,
por creerse creyentes de algo,
el teatro de espectros se asoma
y descubre la yema del ángel
insurrecto que adora a Satán,
la verdad de los justos no añora
las posadas del pueblo y su vino,
porque el sabio contó con sus dedos
a los muertos en guerra, sin patria
que abrieron caminos al pánico.
ser tan sólo aquel huérfano mudo
que casó la marea con barcos
más allá del exilio y lo triste.
Yo quisiera ser ese, mas puedo
ser quien sea, no más barrer calles,
no más ser el cepillo insomne.

Sembrado

Faltan semillas
en este sembrado de sentimientos.
Las flores brotaron,
pero las esporas aún vuelan
hacia la tibia
potestad del lactante,
que aún no ha saboreado
la voz concreta de los óvulos.

Los labios se abren, tímidos,
ante el biberón de tetilla sintética

y el cielo se alía con el mar
para ser la cuna perfecta,

que no sólo protege sus seres
sino que además
espera con tranquilidad
la conciencia de mis pies,
el secreto de mis ojos
y la vulnerabilidad
de mis espermatozoides,
que jamás huelen a fósil ni excremento.

Los kilos de fresas sobre el mantel
son tan exquisitos
como el deseo de llorar la fantasía
en historias tenues,
donde la amalgama
de criaturas que se besan,
que mueren y son abono
de otras bestias,
me hace notar
que mis huesos no se dislocan
con choques bruscos,
con las caídas
desde el piso decimoquinto...

los mangos, las fresas
las bellotas y las orugas
son parientes de los árboles
milenarios,

que no escrutan con su mirada
la sensualidad del tiempo,
que no tienen talleres
de reconstrucción de la Naturaleza.

Hay personas que se cobijan
bajo su sombra,
hay sombras que se cobijan
bajo las personas
y hay átomos que gritan
el vacío planetario
desde sus electrones,
sabiendo que la energía
se la robará la conciencia
con su fuerza definitiva.

El prado lo abonará
el silencio,

cuando las ideas se promulguen
como un cuento
sin final feliz,
sin final siquiera.

Mis tataranietos
hablarán chino, inglés y esperanto,
pero no conocerán
el rostro de la bruja mala
que yace bajo el hogar
de Dorotea.

miércoles, enero 21, 2009

1+1

Se ha esparcido la abulia
por campos abiertos
a los sentimientos promiscuos.
Niños con cicatrices,
mujeres con correas,
perros salvajes...
en pilares maestros
que sólo enseñan sus miserias.
Hay una enfermedad no patentada,
un susto en las puertas
de la realidad pura,
que se hace llamar raíz.
Ese padecimiento
es la fiesta de las discotecas,
alcoholizadas por el vicio,
es la letanía
de un cigarrillo
que se consume
en momentos proclives
al autosustento.
Pues los seres diminutos se aburren,
los colosos anónimos
parecen desfallecer
de pasión,
de hojas quebradas
en un otoño que no cesa.
La ilusión de la fantasía
se divierte
con los colores llamativos
de la felicidad
en pastillas,
mientras la ironía
de las matemáticas
fabrica acuarelas
con olor a cirugía estética,
a pomada para los tránsfugas del beso.
Beso edulcorado
por deseos inconclusos,
sabor a mitología
en la voz simple del cierzo.
Palomares envían mis cartas
al ser egoísta
que mora dentro de la hipocondría,
al moralismo
concatenado en ruido,
en metáfora incompleta.
Podría ser un vertido
mi necesidad de amar al prójimo,
como a una maleta
donde llevo mi hogar,
pero las industrias
vierten la abulia
en censos de la edad.
Se rompen las mortajas,
llueve calidez sobre el desierto
y mi carencia de sentido
se suma al deseo
de ser consecuente,
con los mariachis,
con las torturas sin testigo,
con las vendas
que me arruinan el peinado.
Si por la fruta
se entiende un párpado que coquetea,
me creeré tantas sumas insondables
de números primos,
hasta que la resta
se perpetúe
en la mirada
y al final sólo quede
la solidaridad lívida
de tu piel sobre mi piel.

martes, enero 20, 2009

La belleza de las ciervas

En mi piel se contrae la belleza de ciervas.
El tiempo asola hogares de los riscos agudos,
La frente sudorosa del cielo con sus nubes,
las cartas incompletas del juicio de las llamas,
pero ninguna esfera da pie al cartero sobrio,
la risa de los sobres, letras de cara al miedo.
Nuestra historia se escribe con las revoluciones
en cajas de Pandora,
fallecimientos propios a lo circunstancial
Somos niños rebeldes a punto de poblar
la razón tan pacífica de las coartadas justas
somos frías víctimas de la fe en la pandemia.
El circuito es la lógica del cableado azul
que llega a mi compuerta
sellada por sentencias de fatídicas armas
pero en la fría tierra me convierto en ovillo
como loba al acecho de tamarindos dulces
secuestro de la tersa voluntad en deseo
No habrá más veredictos: demonios tatuados
no habrá conciertos cálidos para astas en lucha
el hueco de la ternura, las capciosas pisadas
de las repeticiones del soldado en su cinta
me alza a las hojas que lloran el instante
hacia el sucio presente de crueldad ilegible
Temo por los brebajes del asueto y la paz
temo por la piel parda de las hermosas ciervas
Su color no es producto de la manufactura
de niños sanguinarios, ni enormes cañones
no es más que la esperanza de una caricia ahora
cópula con las sábanas,
no es más que áureo silencio de iris insondables
de trémula respuesta a los miniaturistas
de la pesada gloria
ni el tiempo, ni la guerra, tampoco las preguntas
constantes del cartero
podrán achicar penas de los que temen tanto
el clamor del absurdo
y su sucia caterva de sofisticación
que se viste a la moda.

miércoles, enero 14, 2009

Como dromedario en el desierto

En las cestas se oprime el llanto,
como briodramina que no llega a su destino,

como tensa mordedura
en las fauces que no tienen dientes,

como estela de las drag queen
en las calles londinenses,

y los vendavales,

que sólo temen el hilo de las catedrales...

al otro lado,
el oído se estremece

por el silencio prioritario
en salmodias de la muerte.

No hay defunción en las jugadas de los brokers,
no la hay
en los anuncios de sardinas...

sólo se escuchan lágrimas en la esterilla del olvido

Mitad palacio,

mitad hogaza de harina,

mitad soldado,

mitad encrucijada en las voces del hado.

Mi mitad es el entero del número pi,
el entero despeinado
de un rockero que no muere.

hasta que las palabras opriman el podio de la fama
la artesanía de las columnas dóricas,

y el precio de las huellas
que no llegan al oído de la sombra

Sólo el cenit de las caricias
me ausculta

como prometedora giba
sobre el camello austero.

donde las reservas de agua
saben a blancor extremo,

donde me diluyo
con el óvulo cuántico

que prevé las regalías de un verano
bajo la sombra de una duna
en el desierto.

lunes, enero 12, 2009

Leonard Cohen- First we take Manhattan

Por los andamios

Por los andamios sube la prisa artera,
con sus gárgaras liba presentimientos amargos,
candor de las agujas,
frescura en el hielo, que se ha adosado a las columnas.
Los hombres suben a la planta quinta
con prisas,
a la planta decimotercera...
saben de kilos de nitroglicerina en el otro lado de la esfera,
saben de apuestas por un beso en la mitad
de los augurios, donde sus frentes beben el cáliz,
la osamenta de ciervos semidioses que estriban sus destinos,
sé el calor de los aguaceros de sangre
cuando desde tu sillón, le muestras complacencia al desnudo,
sé la hemoglobina de los títeres,
cuando desde tu cocina, hierves amaneceres en marcas blancas...
pero nunca dejes la cinta correr hasta su término,
allí muere tu festín de salvaje,
allí te concatenas con la muerte, que no teme a las agujas
ni a tu sierva hipocondría.
Compren recetas para la abulia,
compren el chalé de las princesas,
o mejor aún, no esperen a las fiestas
y en las rebajas, compren un precio de fábrica
un tres por uno canjeable por promesas
de un más acá perdurable en los matrimonios con las eternas
preguntas de cuánto podrá el ser doblar cornisas
sin su sombra, antigua compañera
y ya, no más que profetisa de una paz saldada con sentencias
de escaso valor en los combates.

Cuando llega el momento de hacer cuentas

Las manos retuercen los abalorios,
en la hierba quedaron hilos infinitos,
se rizaba el miedo en precipicios sin nombre
y al fondo, el océano gemía burbujas con desaire.
No abotones las conchas con silencio,
no fuerces las aves en su huevo,
porque el tiempo eclosiona cuando el calor
bebe fuentes de huellas,
porque la cintura del olvido se dejó las caderas
en su camastro de duda,
cuando sólo se sabe a ciencia cierta
el olor de las pisadas,
cuando las horas presentan su rostro
ante la praxis de las arañas,
que sólo engullen a su esposo
cuando se ha quitado el anillo
y el compromiso recupera los Niágaras
de la melancolía, donde el olvido
se bifurca y las apariencias duelen
en el puerto de las transformaciones,
melancólica pata de cordero
que se convierte en sabroso plato,
melancólicas cuentas de Hacienda
que derraman sus abalorios sobre la pena de los morosos,
más que por ser tacaños, por los yates
que empeñarán para pagar las deudas
y por el paso de las agujas sobre las yagas abiertas.

Sueño

Mis vidas son todas inútiles, pero me producen una auténtica sobreexcitación porque es como si estuviese viviendo en una cáscara y desease que el polluelo rompiese las débiles paredes blancas. Ayer cené con un amigo y me dijo que nos interconectásemos; yo accedí, más que nada por compromiso, por protocolo como se suele decir y porque mi vida es tan insulsa que no creo que pueda encontrar nada que me haga sonrojar. Y con un simple deseo de mi cerebro, pasaron por mi mente todas las amantes que Julián había tenido y como en el celuloide de una película, se sucedían eventos de la vida cotidiana de este caballero, pero no, espera un momento, algo va mal, estoy viendo cómo se acerca a una joven y le asesta una puñalada y después otra y otra. No entiendo, lo primero que se me pasó por la cabeza fue esto: no entiendo porque quería Julián que nos interconectásemos si sabía que lo más seguro era que fuese a descubrir lo que hizo. Él me miró con una sonrisa burlesca y me dijo, ¿que no vuelva a enterarme de que te acuestas con mi mujer, eh Carlos? y sí, era cierto, habíamos tenido un pequeño affaire Susana y yo, pero, con semejante pintas como marido, me extrañaba que le extrañase. Me fui del restaurante viendo el brillo en sus ojos, no podía desaparecer de mi memoria. Después, llegué a casa y puse la televisión; eso era lo primero que hacía siempre nada más entrar por la puerta y quitarme el abrigo. Estaban las noticias y hablaban de Julián Pérez, un famosillo, tocayo de mi amigo... ¿cómo se pueden malversar fondos tan alegremente y no tener sentimiento de culpa? más aún, ¿cómo se puede apuñalar a una mujer de veinticinco años y no recibir castigo por ello, eh Carlos? di un respingo en el sofá y me puse alerta... pensé que mi implante de interconexión se había averiado y me dirigí en aquel mismo instante a una casa de arreglos de implantes, que funcionaba las veinticuatro horas; un hombre vestido con mono y nada simpático, me lo revisó y me espetó casi a bocajarro que todo funcionaba correctamente, -pero, que sepas que pienso que eres un cerdo por acostarte con una mujer que no es tuya-, me dijo seguidamente... yo tenía un miedo terrible, no sabía qué contestarle. Pareciera que todo el mundo se hubiese declarado en contra de mi, yo, a mi edad estaba empezando a volverme loco... realmente preocupante. Soy un hombre bastante inteligente y aunque sé que no se han dado casos de esquizofrenia desde hace más de medio siglo, también he oído que lo más normal es que comiencen a aparecer los síntomas en la primera juventud, pero yo soy un hombre de cuarenta y cinco años... todo esto es muy extraño. Me fui de nuevo a casa y un poco por miedo, decidí no poner de nuevo la televisión, pero me acosté en el sofá porque deseaba que al despertarme todo se hubiese restablecido a la normalidad... pero cometí un fallo, no me di cuenta de que el chip de interconexión se activaba durante el sueño y eso fue lo que ocurrió... mi sueño en blanco, como los de todas las noches y al levantarme, miré en el móvil los titulares del periódico y me di cuenta de la manera tan terrible en que la había cagado... un mundo sin asesinatos, sin violaciones y sin crímenes de ningún tipo es el precio que tiene. Los titulares decían: de mano de Carlos Espinosa Gutiérrez nos ha llegado la noticia del asesinato de una mujer. Ahora más que nunca me preguntaba porqué Julián había querido hacerme testigo de su crimen. Y ahora entendía las disfuncionalidades que se habían producido, probablemente eran debidas al shock tan tremendo que nos había convulsionado a todos. Pero en mi cabeza no paraba de rondarme la pregunta: ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?
Quedé con Julián al día siguiente para hacerle una serie de preguntas. Sabía que iba a acceder porque sólo nos podemos interconectar cuando los dos estamos de acuerdo, si no es imposible. Yo había llegado a la conclusión de que Julián había enterrado los recuerdos de ese acontecimiento, porque sino ¿de qué otra manera podría haberse librado del control de la unidad, de la conciencia colectiva? ¿tal vez, no durmiendo? cuando hablé con Julián confirmó mis sospechas. -Era una amiga, la quería mucho y no le habría hecho daño de forma consciente jamás- , -pero Julián, no seas cabrito, ¡le diste tres puñaladas!,- sí, es cierto, pero realmente no era consecuente con mis actos- , -no si ya, me imagino...-, -por eso necesitaba contártelo. Tú eres mi mejor amigo-, -pero sabías que se iba a enterar el resto del mundo-, -sí, pero precisamente por eso me urgía tanto confesar. ¿Tú sabes lo que les pasa a los asesinos, verdad? no hay perdón para ellos. No basta con su aniquilación, sino que les espera el mayor de los infiernos en la otra vida. Lo sabes, ¿verdad? el destino de Prometeo. -¿sabes, Julián? yo creo que todo eso son milongas. Después de la muerte no hay nada, nada, es esta sociedad en la que vivimos que aprieta y a veces, ahoga, como te está pasando a ti. Créeme, lo mejor que puedes hacer es entregarte por propia voluntad, porque sino de todas maneras, vendrán a por ti.- Después de esta conversación pasó tiempo, hasta que la policía irrumpió en su edificio y se lo llevaron a la fuerza. Esa tarde lloré y hablé con Susana, le di mis condolencias y no fui capaz de decir nada más digno, me fui a mi casa y me acosté. Esa noche tuve un sueño, el primero de toda mi vida y me vi a mi mismo en un espejo empuñando una pistola, lo más extraño es que el disparo no me despertó y sentí que Julián estaba allí. -¿no ves que yo te lo decía? ¿crees en Dios?- y yo le respondí que no. En ese momento me desperté en mi habitación. Era por la mañana y hacía un día francamente agradable. Entonces dije en voz alta- es una pena que salga el sol y el jilguero no cante. Ya no se puede ni soñar.

viernes, enero 09, 2009

El circo

El trapecio se cimbrea.
En un extremo,
baten la tierra los cuidadores de los leones,
para que el salto de la bestia no lastime al domador;
En el otro extremo,
las payasas toman brandy para recuperar la ceguera,
que la adrenalina las ha convertido en esclavas de la lona
y tan sólo cuando el público ríe
sus piruetas saben a bombón de licor,
huelen a hombre del saco con naftalina.
El trapecista conoce los cometas,
conoce las llaves del ocio
y los peluquines de los asistentes
Se retuerce en cabriolas de fino vaivén,
como el calor de las pupilas
al dilatarse en el centro de la pista,
cuando se lanza en doble salto mortal
hacia el misterio de las aristas
de la estrella de Gabriel,
pintada en oro y granate.
Después viene la aprendiz,
con sus piernas temblorosas,
sube por la cuerda que pende de lo alto,
y se lanza boca abajo
a la fiesta bohemia.
Ella tiene la nuca sudorosa,
la boca seca
y los pies helados.
Sabe que bajo el trapecio
no hay red ni salvaguarda
y eso le lastima los sentimientos.
Al otro lado,
espera el calor del fogón,
la estufa y las manoplas,
su comida caliente y un poco más de suerte,
clausurando las puertas del circo
que tanto le ha encarcelado.
En el trono de las princesas
su corazón es el as que se guarda bajo la manga
y en los palcos que la rodean,
sabias metamorfosis
convierten la fantasía en magia milagrosa...
un vestido de azucenas para mi niña asustadiza,
dice su madre imaginaria.
Una tetera con brebaje de ambrosía,
dice su padre real,
cuando terminan sus acrobacias
y ella vuelve a ser la niña
de trenzas azabache
que hace retumbar el palacio
con su griterío.
Flamante coche nuevo
en el jardín
donde juega con otros niños.
Y la lleva muy lejos,
más allá de la lona
y del sabor a algodón de azúcar,
ya tan manido.

jueves, enero 08, 2009

En cálidos susurros me desvisto

En cálidos susurros me desvisto.
Soy la escuálida cíngara del beso
que traveste las huecas mandíbulas
en limpios habitáculos que rezan
sobre la sombra mística del tiempo.

Tú te alejas, con frente bendecida
por los tiernos corderos degollados
en multitudinarias cintas sacras
donde te escruta el fiero ruido blanco
que no resta inclemencias al otoño.

Ni el invierno de níveas proporciones,
ni las estatuillas de la risa
pueden ser las agujas que señalan
al impostor con gélidos abrazos
que levanta la ceja en el espejo.

¿soy yo la fiel coartada del terror
cuando no hay muescas sobre los pupitres?
¿soy yo la mensajera de los dioses?
tú te acuclillas sobre el cariñoso
adiós que es como escalofrío prístino.

Mas no iguala el blancor de las esferas
ningún demonio triste que no gime.
El paso de minutos se hace eterno
sin las tenues caricias que ya estorban.
Tan sólo en la belleza te esmerilas
y eres la calidez de una mirada
en los ojos cerrados que no escrutan.

Mariposas

Creces en las moradas de la lluvia,
en las vértebras de un coloso que nos observa
desde su portada de bruma.
Te conviertes en escritura,
en labio y huella.
Visitas las humanas cavidades
donde un ente observa,
con su lente de aumento.
Porque tu llama no es flor imprevista,
tus senos no se vacían de leche en biberones austeros.
Sólo la boca hambrienta de brotes,
sólo el florero sediento de cal,
sólo el nirvana de niños recoletos,
quiebran tu lasitud en dulce armonía.
No eres el sabio del cubo de rubik,
no eres la matemática de las caricias,
no eres la voz consabida de quien se cree a salvo.
El pecio de la mirada,
la sangre rota en mil rubíes,
la frente ahíta de caídas sin freno,
y la verbena de calima
me recuerdan tu partida de nacimiento,
donde las conchas se ruborizan,
donde el negro de las salas se confunde con colores de la melodía,
donde crecen los aposentos de las manos
y de las piernas temblorosas...
allí te enfrentas a tu ser especular.
Y descubres la triste mentira de una sombra
que te persigue como a la muerte la vida.
Y tu rostro palidece al comprobar
que son mis ojos los que se superponen a tus ojos,
que mi boca pinta tus labios de rojo,
y que la nube de estrellas de tu pecho
es mi alma que se descompone en mariposas.

lunes, enero 05, 2009

Mi reflejo

Me escondo en fábricas de serios escribas
y sus cajas de libros me escrutan desde el horizonte.
Códigos de barras sin descifrar,
ISBN de dudosa complacencia
con los escritos,
menos aún con los lectores.
Sabios puros me esperan en la hamaca de las redenciones.
Son tan prístinas las carencias de tu candado
donde la magia se entrevé a través de la llave...
Nunca me ahuyento de las trifulcas del cielo
donde el arcángel roba consuelos a los brebajes,
donde las cintas del pelo sostienen las manufacturas del amanuense.
Me llevo el color a los lugares sitiados,
el aroma al exilio de una patria que nunca me sostuvo,
el calor al reducto de los corazones preñados.
La Biblioteca de Alejandría,
las colecciones de pergaminos
y los códices de láminas brillantes
me devuelven al lugar donde partí el hueso,
al espacio de los machetes que escribieron mi muerte
con su genealogía de robos encubiertos.
Me roban el dislate,
me roban la cordura
y al encontrar mi arte
me quitan las manoplas con su sonrisa de estribo
con su fatal jaque mate.
Sólo tus letras sin volumen,
sólo tu silencio,
sólo tu silencio,
sólo colosales verbenas y feriantes
que como las calles abarrotadas
me abrazan en anonimato
y estrellas nimias disfrazan mi parte
de lo que quedó del derribo,
cuando las cárceles abandonaron sus rejas,
cuando me conducen las huellas
a espacios no trillados por mis débiles piernas.
Eres la perfecta iluminación en medio de la penumbra,
eres la fuerza de los dedos contabilizando los arpegios.
Y la yegua nos ve partir hacia las tierras donde los caballos
son de bruma
donde los potrillos se nutren de la divina cualificación
del ajedrez.
No temo el candor de las abejas,
no temo las estrías del pasado,
no temo la fragua de los ases
cuando mi Dios se ha quebrado en cantos de sirena
que ya desde el submundo me conducen al sigilo de la tierra,
a la reiteración del campo mismo.
Te encuentro en la memoria,
mas tu ser es niebla,
tu cuerpo es júbilo,
mas tu ser es niebla.
En mi memoria fuiste firme como un tronco,
mas tu ciega inclemencia me empuja a las mareas,
donde encuentro, húmedo, tu corazón de piedra
y allí me ahuyento de la duda:
soy el líquen que te atrapa y la espuma siempre nueva
que no teme el futuro ni añora su pasado.
Como ser inanimado te prestaré mi ser de niebla
y así seremos juntos
el resto del rocío,
la suma de dos cejas
en un cuerpo y un alma que no llora lo vivido.
En el reflejo de mi mirada
el océano se vuelve pálido
y me regala una mirada conocida.

domingo, enero 04, 2009

El anillo

Si ves una estrella fugaz, pide un deseo-. Lorena estaba radiante con sus pendientes azules y su sonrisa de enamorada. El momento era muy especial, porque sabía que Jorge le iba a pedir la mano y la tarde era perfecta, tan romántica... estaban en lo alto de un mirador, que era también restaurante con terraza. Jorge lo tenía todo milimétricamente calculado: primero esperaría a que el sol estuviese tras los árboles y después, el camarero vendría con las copas de Don Perignon, donde previamente les había dicho que metiesen un anillo que él mismo había elegido con ayuda de su madre... después, traerían la comida, de tal manera que él tuviese tiempo para mentalizarse y mientras se encontrasen comiendo, le propondría matrimonio: no parecía que pudiese haber ningún contratiempo. -Hoy estás realmente guapa, mi negrita bella-, le dijo Jorge a Lorena y ella se sonrojó... estaba casi más nerviosa que él porque hace tiempo que sabía lo que iba a ocurrir. Una semana antes, la madre de Jorge se despistó y dejó el anillo con su empaque encima de la mesa de la cocina... Lorena no pudo evitar verlo y desde ese preciso instante supo lo que tramaba su novio. Vino el propio cocinero con la bebida; colocó la copa con sorpresa en el lado de Lorena y seguidamente echó el champán. Lorena, cuando se hubo ido el chef, brindó con Jorge y sorbió un trago. No quiso mirar la copa siquiera, hasta que apuró el último trago y encontró el anillo. Con todo el disimulo que se lo permitían sus dotes de actriz, le dijo a Jorge – Ah, cariño, ¿pero qué es esto? ¿quieres decir? no, me parece demasiado maravilloso...-Pues sí, mi amada, me gustaría que te convirtieses en mi esposa.- Y Lorena estaba a punto de contestar con alegría cuando vió un papelito envuelto en el anillo. -¿Y esto...? Lo abrió y leyó – Gracias por concederme este deseo.- Lorena no cabía en sí de gozo. Le dio un beso a Jorge y comenzaron a cenar, ambos con una sonrisa de satisfacción en los labios.
De primero: ensalada de perdiz con frutos secos y rúcula sobre hoja de Lombarda; de segundo:
entrecotte de buey con pastel de patata y de postre tejas de almendra. Todo ello aderezado con el Don Perignon que Jorge había pedido para la ocasión. Cuando terminaron de comer, Jorge empezó a sentirse mal y cuando se lo dijo a Lorena, ella le contestó que le ocurría lo mismo... intentaron pedir ayuda a algún comensal que se encontrase al lado de su mesa, pero ya no había nadie en la terraza. Se habían entretenido tanto que ni siquiera se habían dado cuenta de que toda la gente había desaparecido. Arrastrándose, trataron de llamar con un hilo de voz al camarero, pero no aparecía nadie. Era como si se encontrasen ellos dos solos en aquel mirador. No había ni turistas.
Antes de perder el conocimiento por completo, Lorena vio aparecer una estrella fugaz.
Al día siguiente, los titulares de los periódicos fueron concisos: Pareja de novios murió por ingestión inadecuada de alimentos. La noticia aparecía al lado de otra que hablaba del nacimiento de unos gemelos de distinto color de piel. Hay que ser un verdadero ángel para amar tanto a alguien, hasta el punto de sincronizar relojes para encarar la muerte.

Se esconde un universo

Un universo se esconde en armonía
de siembra y cosecha,
de la mirada y el ser obsevado,
Al igual
que en el antifaz: la tetera sirve el té de incógnito.
Es el retrato de las pestañas,
las cejas, el iris y la niña,
que corretea por la pista de un asesino del odio:
miles de galaxias nacen en las cuencas
del cráneo gris, en donde encajan los ojos.
Sus cuásares, sus quarks, sus electrones y el espacio- tiempo
se acuclillan ante la paloma con alas desplegadas
que yace en un papel macilento.
Es glorioso que mi infancia se la llevasen unos enanos grotescos
y ahora vengan mis bisnietos
con su estatura diminuta y sus enanas manos.
No transmutaré en ser de escarcha
hasta que todos los demonios se hayan llevado
a su infierno mi minuta
donde las almas son el postre de los burócratas enfermos de abstinencia
Yo les curaré con unas gotas de cariño
y una cucharadita de licor, para que saboreen mi receta
al calor de la vehemencia
con que cumplo mi pacto con Belcebú.
Cuando radiografíen mi cuerpo inerte
no encontrarán rastro de culpa
ni espátula con la que retirar
el silencio.
A fuerza de usar excavadoras
para descubrir el misterio y desatorar la belleza
quedé completamente sorda y sin excusa
para no prestar unos céntimos de gula
a mis amados descendientes.

sábado, enero 03, 2009

Sueño eterno

Persistentes cigüeñas
han impregnado nuestras ilusiones
de mil y una semillas
en un París alquilado.

Ahora seremos padres
de un bebé en adopción
y Papá Noel vendrá
junto a los tres reyes magos
a felicitar nuestro nido,

le dejaremos turrón y pastelitos...

la noche nos sorprenderá:

tres en una cama

y otro bajo las sábanas...

no importa que tú y yo seamos cuatro..

y la frente bendecida
por la Santa Trinidad

y la solidaridad
de los tomates,
que incluso sonríen
cuando les cantas...

estas cosas me engullen
como a mi cuerpo el traje que lo desviste:

desnudez de mi alma
al soñar sus prefijos,
todos ellos exóticos
y peligrosos.

Llamando a cobro revertido
temo encontrarme una quimera,
un suelo duro, o algo peor...

la estridencia de la poesía
que me ilustra sobre seres mitológicos,

o las rudas aristas
de un acantilado infinito
al encarar
el vacío que no existe,

tan sólo escalones que conducen
hacia divinos veredictos:

siempre seré tránsfuga de los desiertos
aunque los cactos me acompañen
como ángeles custodios
en cada espejismo,

donde soñamos
mecidos por la inconstancia
del despertar.

El sueño eterno espera
a los vengadores de sus ex-novias
y a los condenados a cadena perpetua,

también a las brujas sin sombrero
y a las locas de remate.

Soñaré por siempre
con las cápsulas hacia Marte,

pero mientras llego
me conformaré con pensar
que la vida es sueño
y los sueños, sueños son.

Aunque me ponga el pañuelo sobre el cabello
mi idea no es parecer un fantasma,
sólo me protejo del frío

que cada vez

es más intenso...

a medida que me acerco
al final del espejismo.

viernes, enero 02, 2009

Manchild (Neneh Cherry)

Pastilla de jabón

Nunca imaginé que por una resbalada en el baño iba a terminar en otro mundo, tan distinto al de los vivos... aquí las pastillas de jabón muerden y es necesario utilizar trajes especiales, de un material que desconocen en el mundo de la superficie, que son similares a los trajes de neopreno utilizados por los submarinistas. Yo sólo espero que mis cartas, mi humilde diario pase a manos de alguien que esté allá arriba, en el supramundo. Este mundo es similar al de arriba, más que al del sueño, porque no hay realismo mágico, simplemente accidentes caseros, como aquí los llaman.
La única diferencia con mi otra vida es que hay otros peligros distintos a los que había en la anterior... siguen existiendo los psicólogos, y los médicos, pero estos se encuentran desbordados por el trabajo. Lo más extraño es que yo soy la única que recuerda haber vivido en otra existencia.
Y el hecho de que existan tantas fobias y tantos accidentes caseros convierte este mundo en uno mucho más injusto. Aquí no tengo familia, pero sí la tienen los demás... es algo que también me resulta tremendamente extraño. A veces me pregunto si realmente estaré viviendo un sueño... pero esta existencia no sigue la lógica de los sueños. Cuando estaba viva (como suelo decir), había oído hablar repetidas veces de algo llamado mundos paralelos y hay ocasiones en las que pienso que me encuentro en uno de ellos.
Esta mañana salí temprano de casa y me encontré a un vecino, con su traje de neopreno, y volvió a salir el tema de las pastillas de jabón, como era costumbre en este mundo... y yo me pregunto, ¿por qué no se librarán de ellas, si saben que son tan dañinas? sería tan fácil como sacar un gel de ducha, o unos polvos, que al mezclarlos con agua, hagan jabón... el hombre me dijo: -ayer tuve un accidente casero y me asusté de verdad. Creía que no iba a ser capaz de llegar a tiempo al hospital y mi mujer iba a tener que dar a luz en casa. Todavía no termino de acostumbrarme a estas transformaciones...
se supone que soy valiente porque ya le he salvado la vida a varias personas en situaciones peligrosas, pero el problema de las pastillas de jabón me supera.
En la televisión sacan a menudo comerciales de pastillas de jabón y dicen cosas así como: si su pastilla de jabón se enfurece, dele con creces lo que se merece, agua y sentido a su vida.
Y yo pienso... sentido a su vida o a la mía?
Los trajes de neopreno, que en realidad no son de neopreno, sino más bien de un material transpirable dejan pasar el agua y el jabón, pero es como si pasase sólo su sangre, como si estuviésemos chupando su sangre con nuestros cuerpos. Me parece algo muy macabro y sinceramente, siento que estamos libando algún tipo de veneno. Pero nadie parece darse cuenta. Esta vida es grotesca.