El sentido de formas que desvisten
desde la amanecida floreciendo
en claveles de astucia que no pagan
los penosos estados de conciencia.
El sentido de sendas que no culpan
a corolas de nuevas estaciones
donde el pasado otea desde fríos
rincones de la muerte, con su savia
que es la ovulación de todo olvido.
Sentido que no espera barbotantes
olas en el navío y su fiel proa
mira hacia las mitades de la esfera
y llueven princesitas con sus tiaras
y las mujeres recias se trajean
con comisuras lánguidas, sin sorna,
la defenestración de las pisadas
se pierden entre curvas de fx
No creo en las cigüeñas que no aman
campanarios, amigas de palomas.
No creo en las campanas que no suenan.
En la noche de albor de un transformista,
devuelve sus harapos a la estatua
y de los precipicios grises huye.
La semiótica de una forma dada
es confabulación con estropajos
que saben de la abulia siempre terca
en el significante de la duda.
Tertulias atoradas en el vicio
dan los significados a la gente
en la espuma que bulle en las cabezas;
esta siempre se achica ante el bebe,
manos balbuceantes, pies inquietos
no espera amanecer con voz serena.
teme la colcha fría de lunáticos,
y el mostruo del armario que se esconde
siempre, como la sombra del latido.
En el ofrecimiento de la rosa
siento tanta ternura como música
que escuchamos en lágrimas, en risas,
en todo sentimiento que no asome
su frente sudorosa a horribles riscos
donde mora la bruja de lo incierto.
El yodo en el coral resta los rojos,
paseo por las nubes del color.
Lo opaco de los fondos submarinos
no se vuelve sirena, mas tampoco
es de todo muchacho su cruel títere.
Cariño,
no intentes convencerme de que frondas
de los bosques se ubican en mi pubis
de que tanto cacharro que lastima
la cordura es culpable de mil cosas...
letanía agridulce de la estaca
la sobrenatural muerte en minutos
No soy la usurpadora de los niños
que hambrientos regurgitan sus penurias
tampoco soy resaca del instante
que con conchas añora nuestro vuelo
sólo soy el sentido de una forma
que en la semiología se desviste
de las cartas que escupen como cánceres
con metástasis cegados buzones
en la salubridad del gran silencio
de nuestra queridísima postura sexual
que no añora reproches ni censuras,
que esculpe estatuillas para todos,
conversos a la fe, también agnósticos.
Malditos bastardos
Hace 2 meses

