Crecías en la espuma bajo el río,
se te adosaban rémoras al miedo
y en el espanto viste que el viñedo
maduraba sus uvas con el frío.
Eras un viejo visto por un crío,
tan pronto viene el cuervo sin un credo,
como la urraca cínica al robledo
donde hurtaron umbrías al hastío.
El pánico jamás será un velero
que cruza calmo el agua en la tormenta
en días tan cercanos a la noche.
Mas bien es la tetera del crucero
llena de posos, eje de la menta
que prueba en otras lenguas el reproche.
Malditos bastardos
Hace 2 meses


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