El gato que maúlla en las esquinas
sabe que su velar es poderoso
como las sendas áureas del coloso
que de su malabar restan espinas.
Del sabor tan dulzón quedó la teta
secando su lechosa melodía
por una petición que se caía
del bardo al gato sordo sin su meta.
Fueron las trementinas de sicarios
las que se convirtieron en los Larios
del pestilente aroma del pitillo.
Por eso duerme el gato en un atillo
donde nunca se escuchen los festejos
del hambre saciadora allá a lo lejos.
Malditos bastardos
Hace 2 meses


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