Mis lágrimas salieron hacia el cielo,
la niebla no ayudó a solicitar
tus manos en los párpados del mar
ni a encontrar en sus briznas el consuelo
Mis labios se encendieron en tu boca
la sombra del ayer no fue la prueba
ni el presente es la concha de la ameba
que soliviante el nombre de la roca.
Ni el corazón partido en las estrías
ni los gusanos sabios eruditos
me pueden dar pestañas con las frías
palabras dulces dichas por malditos.
Si te brindase el pupitre caerías
por los mundos sin lastre de los mitos.
Malditos bastardos
Hace 2 meses


4 comentarios:
Me ha encantado el poema, escribes de maravilla
Muy buen soneto, Rosalía.
Un beso grande
Ana
Gracias, Víctor, por entrar en mi blog. Te dejo un beso y mi agradecimiento.
Rosalía
Ana, tu apreciación para mi vale mucho. Y por supuesto, tu amistad. Un abrazo grande.
Rosalía
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