Desde el cretácico, una mano santa
enredó sus fanlanges entre mi pelo,
se hizo cómplice de los tréboles
de cuatro hojas, de las reliquias
y los aposentos en honor a tres reyes.
cuando empezaba a adormecerme con sus voluntades,
la nostalgia hurtada a los tronos humildes,
me hizo recordar cenas sabrosas
antes de los platos rotos por gusto.
Un humorista dijo que lo hermoso es un títere
al que le vuelan la cabeza.
y yo estaba entre el público,
no me hizo gracia.
La guerra es un sable mal calibrado,
una escopeta con filo,
un hombre sin talante
y otro con garantías de devolución con creces.
Tampoco me gustó su aberración de la belleza,
su estruendo apocalíptico
sobre la hambruna de bocas anhelantes de verdad.
El sentido del humor está maldito,
los entresijos de la madeja de las parcas
son sólo aire, como las chips industriales.
Me queda un doblón en el bolso,
una estrategia de medias de cristal
irrompibles
por si se arañan las que llevo puestas,
kilos de sabiduría enlatada o en frascos de vidrio.
El próximo amanecer,
señalaré con el dedo el horizonte,
desconociendo
que sea el lugar propicio
donde parir el sol.
Cada mañana,
encenderé un pitillo,
daré una calada de silencio,
y después me reincorporaré
a la bulla de la oficina,
donde burócratas son asesinos en serie
y por las ventanas,
las palomas atestan los patios.
Malditos bastardos
Hace 2 meses


2 comentarios:
Me ha gustado mucho el libro de poemas que, desde ayer, tengo en mi poder. Gracias. Pronto recibirás los míos. Un fuerte abrazo amiga. Tino
Gracias, Tino, por tus palabras generosas. Estoy deseando leer tus poemas. Un besazo.
Rosalía
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