En homenaje a Berlanga
En la noche americana
se confunden sol y luna.
Dos personas van al cine,
y después hacen la ruta
de los bares que no cierran.
El hombre le da una túnica
por si tiene algo de frío,
usted ha sido mi musa,
va y le dice a la mujer,
y se pierde en la espesura
de imaginación febril.
La mujer le dice: nunca
me abandones, yo te amo
y le da un beso en la nuca.
Ellos caminan sin rumbo,
al paso de las tortugas.
Se encuentran a alguien pidiendo
y le ofrecen una lluvia
de regalos sin abrir:
tanta promesa inconclusa.
Le dicen, vente a la casa
y te daremos merluza,
vino, pan y puro habano.
El pobre no tiene dudas:
esta gente es el gran chollo
y se va con la censura
de las miradas atónitas.
Ya en su hogar la mujer junta
las sillas lo suficiente,
engalana su presunta
alegría con las cintas
de Navidad.Y la suma
de las posibilidades
de ser al pobre de ayuda,
le hacen estar tan pletórica
que el hombre ve su hermosura
y también está feliz.
El pobre ve la tortura
de un día sin caridad
después de la noche última,
y le pide unos billetes
a su anfitrión que le cuida
dándole el habano y vino
pero el hombre no es su cura
y le dice que se busque
la vida lleno de furia,
que ya es mayorcito y vale
para vender o juntar
su hacienda en lugar de pago
donde la alondra no busca
aturdir a los mendigos.
El sol asoma sus musas
la pareja está agotada,
pero el pobre vuelve al nunca,
al jamás, a lo vacío
de las calles que no hurtan
tu Hacendado ultrabarato
y tus cartones de azúcar,
de marca internacional.
Malditos bastardos
Hace 3 semanas


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