El colchón siempre está bajo el trapecio.
Los saltos acrobáticos de una muerte
ensoñada recuerdan
el brillo de cometas, desvaneciéndose
en una oscura seguridad.
No sesga madrugadas, jamás la noche
escondió su negrura
después de su touchdown sobre el espíritu.
Primero cayó el cuerpo,
eso nadie lo niega,
negras antenas direccionadas hacia la bulla,
las endorfinas últimas
masacrando universos.
Soy la culpable de mi eutanasia
y la aniquilación
de todo,
la única,
tiempo sin contador,
infinitud besada por otrora amados compañeros.
Los grillos en verano me gotean la sangre
con su clamor por el silencio...
los ángeles custodios son mis bebés
que jamás nacerán,
recordándome cromos
con alas
que como superhéroes vuelan sobre el misterio
sin resolver,
hasta que mi deseo me dé un toque celeste,
quiero decir,
celestial,
y caiga en sus amados brazos por siempre:
nunca el espejo fue
tan tibio.
La locura,
el yo culpable,
me persigue.
Malditos bastardos
Hace 2 meses


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