El preludio de llantos en el verbo
me fustigó con rabia tan preñada
que quiso merecer lluvias la amada
realidad de abadías sin sus siervos.
El corazón lamió cráneos de cuervos
y el silencio le dió la bofetada
en sus códigos bits de voz cifrada
conocen mordeduras del acervo.
La sangre goteando como miel
que se acostumbra dúctil a la abeja
y aguijonazos prenden su rencor.
Estómagos de luces sacan hiel
aún dudando el honor frunce la ceja
donde los santos pierden el albor.
Malditos bastardos
Hace 2 meses


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