Si las flautas me susurran
el carisma en palacetes,
por el campo hay un soldado
que camina sin dobleces
con la sangre en luz de aura.
El dolor posee aretes
de acero en pulcras heridas
que el pasado dio birretes.
La mirada del cariño
acusó sus ojos tenues
en partidas terminadas:
los ojos siempre conceden
la misma oportunidad
a quien pierde y a quien vence.
La piel se transmuta sola
en lunares que carecen
de la deidad de este sol.
Piel pagana y ojos verdes
de los que llaman traidores,
Fe en la tierra, en sus lindeces,
como la del astronauta
que en la luna siempre crece
con su endiosado pijama.
Coge arena y se la mete
en el bolsillo del jean.
Otea el sur: amanece
desde un oscuro pasado
que siempre está en sus trece
número mágico y tal,
tan mágico es lo que cede
en el pulso a la memoria
y el recuerdo se convierte
en celosa marejada,
que sólo el placer se siente
en hora punta del tiempo
y aquel soldado valiente
condecora algún salón.
Malditos bastardos
Hace 3 semanas


2 comentarios:
Dolor terráqueo :
Siempre te he dicho que tu poesía es atrapante.
Usas el cotidiano dandolo vueltas hasta volverlo interesante.
Llevas el verso en la sangre niña
Un beso, siempre
Rossana
Gracias, Rossana, por tus bonitas palabras. Yo también te mando un beso enorme e infinito.
Rosalía
Publicar un comentario en la entrada