Mi nombre es Rosalía Linde Camacho

Este blog es prioritariamente de poesía, aunque no descarto la posibilidad de poner un comentario sobre otro tema. Doy la bienvenida a todo el mundo que quiera entrar en mi espacio y dejar sus impresiones sobre lo que hay en él.

miércoles, junio 10, 2009

Con pinzas

Coloqué mi pie sobre la alfombra.
En las arrugas había envidia
por la cohorte de los gusanos
en el olvido, patria desnuda.
Era tan trémula esa distancia
entre mi iris y aquella gota
en la ventana, lágrima púlsar.
Quise partir huellas morales,
que no supieran hablar con hilo..
Se estremecía el café en grano
bajo mi cuerpo, como un cortado.
De los ovillos de ciega histeria
brotó una idea: lana tejida
cuando los cuerpos se han desgranado.
Lejos, un hálito de cruel nostalgia
llamaba lenta a su pesar.
Era cual grito de las cloacas,
ansia de besos en el otoño.
Dí un paso, cauto, néctar de miel
salud en salas de mi eutanasia.
Mis besos fueron una laguna
en frías cuencas de sagaz muerte,
amado manto, tasca repleta.
Cerca, la huella de lentos pasos
rebobinó aquel instante,
gimió los limbos en el ahora
y sus colmillos tan afilados.
Me hice tirana de cada sombra,
la senadora de faz de espejo,
cuando devuelve miradas lesas,
con el sabor a usufructo.
Llama el miedo, con sus balidos
del Este azul, por las jaurías
de sal tan blanca, que dan sabor
al caramelo de las auroras,
y mecen olas con cantos súbitos.
Jamás observes los basamentos
de catedrales con la mirada
de luz en bóvedas, porque pisadas
pueden no ser más que raíces
de sabia astucia, pilar maestro
de la lujuria, y noches gélidas,
los gerifaltes del desconcierto.
La mujer mira plácida desde
el sumidero. Y no es pescado,
coral, estatua o efigie viva,
es sólo cuerda que gira y gira
en su futuro, como una trenza.
Hacia las cumbres, las hadas cogen
sus camisones con pinzas de hombre.