En la oscuridad siniestra
una luz me rapta en vuelo,
un cálido abrigo azul
me sustrae del desconsuelo
de ser una mujer tibia.
El sol pez prende azulejos
y no por lo subcutáneo
sino en la orilla del viejo
que lo ve todo muy oscuro.
La giralda y su gracejo
me hacen un guiño pagano
a la caridad y el velo
que son las teas queridas
por almas que besó el viento
Mas la negrura me sigue
hasta más allá del suelo
y capitanes terráqueos
se beben el viejo techo
de líquen y algas marinas.
Me veo enfrentada en duelo
con el capitán pirata
que doblado en tiernos versos
entristecía mis noches;
nadie dice que no leo
mis primaveras pasadas.
Aunque el invierno se aclare
la garganta de paseo
en tiendas de ultramarinos
y se le dé un caramelo
que su ronquera sea poca
es la prioridad del cielo
y así no llueva en diciembre.
Ojalá se acabe el beso
del proxeneta aturdido
y me quiten ya el veto
por ser mujer tan ligera
y aunque en el aire me llevo
como una pluma ya usada
mejor sentarme con tiento,
no vaya a causar al mundo
la verdad en ojo ajeno
que duele más que la viga.
Sé que el oficio de obrero
es sustraer inclemencias
que dejó el osado ego,
así que anden, resguárdense
que aquí viene el carpintero
y su terrible armatoste.
Y se irá a la casa el viejo
para guardar su guadaña
bajo su ribera añejo
Ya vendrán tiempos mejores,
para el camastro del tiempo
que es el catre de la lluvia.
Malditos bastardos
Hace 2 meses


2 comentarios:
Romance interesante el que nos dejas, Rosalía.
Has conseguido mezclar lenguaje moderno y lenguaje clásico con acierto.
Un besito
Ana
Gracias, Ana, por animarme. Me siento muy afortunada de tenerte como amiga. Un abrazo grande.
Rosalía
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